Imponderable futbolístico.

            

En las últimas horas un destacado futbolista de la selección española, Sergio Busquets, único superviviente de la selección que ganó el mundial de fútbol, ha dado positivo en las pruebas contra la Covid19, lo que pone en riesgo su continuidad en la inminente copa de Europa. Esto ha provocado el debate acerca de si los deportistas deben o no ser vacunados con la debida anticipación para que no ocurran hechos como este.

La política es la técnica y el arte al mismo tiempo de la elección, saber qué decisiones deben tomarse en cada momento en cada uno de los ámbitos de la vida nacional, incluido el deportivo. Es por eso que desde que cualquier persona es elegida para representar a su país en un acontecimiento de esta clase, debe ser integralmente asistido y, en consecuencia, en el contexto de esta dura pandemia, ser vacunado prioritariamente para poder competir con todas las posibilidades de triunfo. Esto es, los fines de la representación y de la competición justifican el medio empleado. Así se ha obrado con los participantes españoles en la próxima olimpiada y paraolimpiada de Tokio y con los futbolistas de la selección, aunque pudiera objetarse que algo tarde.

Oponen los contrarios que nadie debe tener el privilegio de recibir la vacuna antiCovid, todos somos iguales ante la ley y la práctica. Y nadie lo niega, pues este es el fundamento sobre el que se erige una poderosa y justa democracia. Pero también, es común aceptar que las reglas más justas han de tener las excepciones oportunas, apoyadas en la razón y la ética, si se desea que sigan siendo justas.

El abanico puede desplegarse a otros muchos supuestos, póngase como ejemplo personas que por ocupar cargos institucionales han de representar los intereses de todos, presidente, ministros del Gobierno de España u otros cargos. Siendo otro debate, el tema es el mismo. Dicho sea de paso, los injustos privilegios de la clase gobernante quedan probablemente comprendidos en otros supuestos, que nada tienen que ver con el hecho de una supuesta vacunación adelantada, si se hubiese producido, que tampoco es el caso.

Pero no se confunda esta necesidad de protección de nuestros olímpicos y futbolistas, con la vacunación arbitraria e infundada de pillos, falsarios y taimados, que se han colado y se cuelan por delante de todos, saltándose las normas básicas de convivencia. Ellos, no; los deportistas que nos representan, sí, por esta vez.

A todos ellos, salud y mucha suerte.

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