Levantando la mirada.

España, como el resto de Europa, parece que poco a poco va saliendo de la precaria situación sanitaria en que se hallaba hace solo unas semanas. Mientras que aquí la cuarta ola ha sido más moderada que las anteriores, a pesar de la alta ocupación de las UCIS en algunas regiones; mientras nuestros vecinos comienzan tímidamente a suavizar los severos confinamientos a que se han visto sometidos; y mientras el horizonte sanitario de Europa escampa gracias sobremanera a las campañas masivas de vacunación, casi el resto del mundo no sigue la misma suerte, desgraciadamente.

Los países pobres, las regiones subdesarrolladas, viven momentos de verdadera penuria. A nuestros hogares llegan las imágenes, en esta ocasión, de la India, sumida en la desesperación y abandono más totales. Los hospitales ya no pueden atender a más enfermos ni disponen de los medios para socorrer incluso a los hospitalizados. Son tantos los millares de seres humanos contagiados que se van muriendo donde pueden, en las calles sórdidas, y los más privilegiados en sus humildes casas, sin recibir ningún auxilio médico. Entre las estampas actuales del país indio y las de la peste bubónica de la baja Edad Media, que asoló a Europa, parece no haber ninguna diferencia. Hasta las piras de leña para la incineración de los cadáveres, que se improvisan en cualquier espacio abierto e infecto, recuerdan a las que ardían en los pueblos y ciudades medievales.

La situación no solo es dramática, es sobretodo injusta. A la escasez de medios para afrontar la enfermedad de la Covid-19, se suma la carencia absoluta de vacunas. La industria farmacéutica anunció en marzo de 2021 que prevé producir entre 10.000 y 14.000 millones de vacunas este año, de las cuales más de dos tercios han sido reclamadas por los países ricos. Además la OMS creó el conocido como C-TAP, una especie de banco en el que las farmacéuticas pueden aportar las patentes y datos para que los países pobres puedan desarrollar sus propias vacunas. Hasta el momento ninguna empresa ha hecho aportación alguna. Y sobre la liberalización de las patentes, ni siquiera hablar de ello. En consecuencia, asistimos estupefactos, acongojados, a este dantesco panorama que nos ofrece la India, aunque mañana puede ocurrirle a cualquier otro Estado pobre.

La enfermedad no es solo de carácter local, sino universal. Por eso, las medidas de curación han de ser globales y las vacunas deben repartirse proporcionalmente a todos los países, sin discriminación de ninguna clase. Es cuestión no solo de supervivencia, sino también de solidaridad y humanismo con los más necesitados. Pero me me temo que las industrias y los países desarrollados no están a la altura.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s