En este contexto.

Hoy, día 8 de abril, jueves, la pandemia sigue veloz su galope en todo el mundo. España registra en las últimas 24 horas 168 contagios de incidencia media y la dolorosa cifra de 126 fallecidos. En consonancia, las UCIS de nuestro país sufren una presión notable. Y no se ha llegado aún al peor momento, pues debe esperarse el embate de la pasada Semana Santa que, a pesar de las restricciones de movilidad entre las CCAA, se ha visto tocada por la irresponsabilidad de algunos grupos licenciosos y caraduras.

También se ha agitado en las últimas horas la idoneidad de la vacuna AstraZéneca, que por cierto es la mía. Al final solo será administrada a los comprendidos entre los 60 y 65 años.

La situación mundial deja secuelas dramáticas. El número de contagios suma ya 133.000.000 millones de personas, y la cifra de decesos apunta casi a los 2.900.000 de seres humanos. La tragedia sobrepasa las peores expectativas y, sin duda, no es erróneo pensar que la humanidad está arrostrando la peor crisis del siglo XXI.

Al día de hoy, 8 de abril, la deseada unidad de la clase política sigue siendo una quimera, cuestión que pone en peligro o retrasa la salida de la crisis económica y social. Como muestra, las anacrónicas e indeseadas popularmente elecciones de la Comunidad de Madrid abren cada vez más una contaminante e irreductible brecha entre las fuerzas de izquierdas y derechas, que amenazan con la cohesión social, y el entendimiento y el progreso ya no solo de las personas de esta región, sino de los españoles.

Hoy, 8 de abril, el cambio climático es la larga sombra que se cierne sobre la frágil piel de este país, de espaldas a la crudísima realidad del aumento de las temperaturas, porque de momento no pasa nada grave. Se advierte que la suerte del futuro inmediato de la tierra está marcada por este inexorable problema, que empezó a  forjarse en los albores de la Revolución Industrial, y que sigue un camino nefasto imparable (sequía, hambruna, migración masiva, deficiencia de recursos naturales, desigualdad, más pobreza…).

Ayer, me llegaba al alma el rostro de un niño mexicano, de ojos redondos como el pan, que gimoteando por el miedo imploraba ayuda a un policía de frontera para salir del desierto del Río Bravo y encontrar un abrigo en otro lugar más seguro.

En este contexto nada pulcro, hoy, 8 de abril, espero tranquilamente a que den las 15,00 horas de esta casi tarde para recibir con esperanza la primera dosis de la vacuna Covid-19. A ver si ella es capaz de cambiarnos a todos, aunque sea un poco.   

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