La oveja negra.

 

 

El Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud, que reúne a todas las Autonomías, ha anunciado este miércoles, 10 de marzo, el cierre perimetral de las regiones y otras medidas preventivas, durante el puente de San José y las fiestas de la Semana Santa.

Aconsejan estas soluciones de restricción los datos que arrojan a diario el número de infectados y fallecidos por la COvid19, 139 casos de enfermedad de incidencia media, un nivel levemente inferior de ocupación en las UVIS de nuestros hospitales y 234 finados, solamente en las últimas veinticuatro horas. Es evidente que las cifras -detrás de las cuales hay personas dolientes- han mejorado respecto a semanas anteriores, pero el riesgo de contagio y muerte siguen marcando la acre realidad en la que nos hemos instalado desde hace un año.

Este panorama es de por sí suficientemente elocuente como para que todos los presidentes de las Comunidades Autónomas hayan decidido de consuno adoptar las medidas suscritas, todos, a excepción de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Sra. Ayuso, cuya figura será reconocida en el futuro por su pertinaz oposición a lo que es común, al sensus comunis, a lo que el otro día dijo una joven gallega sobre el principal consejo que su madre le daba cuando salía por la puerta de la casa: “Hija, actúa con sentidiño”. Sentidiño, a veces perdido para algunos en las tupidas frondas de los hermosos bosques galaicos.

No es un capricho, al contrario, es ciencia que la movilidad personal y social aumentan el riesgo de contagio de la enfermedad; no es arbitrio, sino es certeza que las acometidas de transmisión del coronavirus han sido especialmente agresivas y virulentas tras las vacaciones de verano y Navidad por el agolpamiento de las masas; no es subjetivo, sino verdad que las muertes se siguen produciendo cada día por el ataque impío de esta bestia –también hay otras -contra el indefenso paciente.

Solamente hay que hacer otra objeción. Existe un orden ético de valores: La Muerte y la Vida están por encima de la Economía . De la muerte, nadie vuelve; de la penuria económica, se sale. Y los políticos deben someterse al inaplazable deber de velar en estos momentos, sobre todo y ante todo, por la vida de sus ciudadanos. Enterémonos de una vez, ¡carajo!

 

 

 

 

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