El 8 de marzo y la Covid19.

 

 

 

El próximo 8 de marzo se va a celebrar un año más el Día de la  Mujer, para que todos nos acordemos de que es preciso asumir la plena igualdad de ambos sexos y del papel protagonista que la mujer debe tener en todos los ámbitos de la vida. Es cierto que ya la Constitución de 1978 se presenta como garante de la igualdad y reconocimiento de los derechos femeninos, pero de facto siguen existiendo prácticas sociales, laborales y económicas que perjudican ostensiblemente a las mujeres.

Vaya, por lo tanto, mi apoyo sin vacilación ni fisuras a tan noble vindicación, que además extiendo en mi fuero interno a todos los días del año y a todas las horas del día. Pues si no fuese así, de nada servirían los visajes ni los gestos de ese señalado momento.

Es una realidad que la fiesta se viene propagando durante los últimos años a todos los rincones de España, cuyas principales expresiones son las masivas manifestaciones que se producen, a la vez que acompañadas de cánticos y mensajes positivos. Pero, desgraciadamente, este 8 de marzo de 2021 vive la peor pandemia de los últimos cien años y registra el acontecimiento más trágico, después de la guerra civil del 36. Es decir, la situación actual no tiene parangón y debe llamarse a la cautela y precaución a la hora de celebrar tan fausto día.

Me ha parecido valiente el comentario de la actual ministra de Sanidad, la Sra. Darias, que, acaso en la más absoluta soledad, ha dejado claro que sobran las manifestaciones del Día de la Mujer por su evidente peligro de contagio. Todos y cada uno de los científicos manifiestan el acuerdo de que hay que evitar los espacios de circulación porque aumentan hasta el extremo los riesgos de contaminación vírica y de ahí, el confinamiento, que es la principal medida contra la actual enfermedad. Cualquier acto contrario al aislamiento es una oportunidad a la instalación y propagación del virus mortal. Ni quinientos, ni mitad. Donde hay varias personas en compañía, existe el riesgo de contaminarse dañinamente.

Encuentro que la celebración del Día de la Mujer debe hacerse este año de otro modo. Pueden ser comunicaciones televisadas, mensajes en redes sociales (eso que ahora tanto ocupa), interpelaciones a través de las ondas, etc. etc. silencios, también el silencio es elocuencia.

Lo que deseamos muchas personas es que se desborde la imaginación para hallar alternativas, que las hay, a las maneras tradicionales de celebrar esta fiesta; y que de este modo se salven graves situaciones personales, familiares y sociales. Las mujeres se lo merecen y, por supuesto, también los hombres. Porque los dos géneros estamos condenados a entendernos y respetarnos, por los siglos de los siglos, amén.

 

 

 

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