No morir.

 

 

Después de alcanzar durante las dos últimas semanas altos niveles de contagio y muerte, y en consecuencia, de registrar una elevada saturación de enfermos en las plantas y UVIS de los hospitales, nos volvemos a encontrar con un cuadro de la enfermedad a la baja.

Sin embargo, la situación a día de hoy sigue siendo grave porque los datos así lo señalan. Puede parecer frívolamente que lo peor ha pasado, pero no es verdad. En las últimas veinticuatro horas, la incidencia acumulada ronda los 250 enfermos y la mortandad del último fin de semana ascendió a 535 fallecidos, siendo que la ciencia ha determinado que la situación es benigna a partir de menos de 50 enfermos y casi ningún fallecido. Por lo tanto, el salto que se ha producido numérica y cualitativamente no es tan grande.

Me preocupa lo que vaya a suceder, el inmediato devenir de este ya largo proceso, que a todos nos empieza a explotar en las manos como si de una bomba se tratase. Otra vez, la clase científica, la que sabe y a la que se desoye, quienes deben marcar el paso en este macabro baile de contagios y muertes, repite hasta la saciedad que las medidas restrictivas de confinamiento no deben decaer, pues es un requisito inconcuso para el control del Covid19. La causa del contagio, dicen los científicos, es la circulación libérrima de los ciudadanos, amén de la ausencia de otras medidas de protección ya archiconocidas, de forma que hay que mantener las restricciones.

Pero parece que no va a ser así. A la actitud política de eliminar medidas de contención, viene a sumarse la judicatura, o mejor dicho, el desacierto de algún juez intruso y ajeno a los arcanos de la epidemiología, que ha decidido ampliar el espacio de convivencia de los ciudadanos en bares, terrazas y restaurantes por considerar que no está probado que haya más contagios por la apertura de estos establecimientos (por cierto, las ayudas directas serían la solución al cierre necesario de este gremio tan importante).

La situación se complica de cara a la Semana Santa. Si ya hay turbas irresponsables que les da todo igual, y las medidas dejan de funcionar, pudiera ser que este país esté al borde de una cuarta ola, aún más fatídica, truculenta y penosa que las anteriores. No se trata de un conflicto entre salud y economía. Se trata de no morir, pues de lo económico se sale, pero no conozco a nadie que se haya recuperado de la muerte.

¡Hay que aguantar!

 

 

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s