Ciencia y Política.

 

 

La situación de la Covid19 en nuestro país es verdaderamente preocupante al día de hoy, pues los datos suministrados por el Ministerio de Sanidad no ofrecen la menor duda. Las últimas veinticuatro horas arrojan el balance de 750 casos de contagios por 100.000 habitantes, cifra que nos sitúa en el nivel de riesgo extremo, según Sanidad. La semana se cierra con el mayor número de fallecimientos desde el inicio de la enfermedad,1951, que no es cuestión baladí, sino principal porque no hay en esta vida acaecimiento peor que la muerte. Estos datos repercuten a su vez sobre los hospitales y nuestros sanitarios, que registran ya el 50 % de pacientes Covid en las Unidades de Cuidados Intensivos. Algunos centros hospitalarios han tenido que desplazar a los enfermos a otros de Comunidades vecinas por agotar el aforo. En fin, si se mira al pasado, España frisa 3.000.0000 de contagios y anota 61.386 fallecidos, desde que se inició esta macabra danza de dolor y muerte.

Y ante este penoso panorama, en este difícil contexto que vivimos, se escuchan dos voces diferentes, acaso antagónicas, provenientes de la ciencia médica y del arte político (por decirlo de algún modo, pues lo político si se hace mal, se aleja del arte para derivar en una vulgar chapuza).

La ciencia postula unánimemente dos ideas: Que la sociedad debe confinarse, sin excluir la posibilidad del confinamiento domiciliario, y que la observación de las medidas profilácticas debe extremarse en todos los casos. La política, menos independiente que la ciencia en general, condicionada por un sinnúmero de factores económicos y sociales, en demasía pendiente de los votos de los pupilos, reacciona lenta y dispar, es decir, actúa por detrás de los acontecimientos y toma medidas distintas según el territorio en que aquella se aplique. Quiero decir que la ciencia muestra el camino y la política elige los que mejor le parecen. Sin ir más lejos, se advirtió desde la óptica científica que las Navidades podrían dejar un rastro funesto si no se tomaban estrictas medidas, y así ha sucedido desgraciadamente por no seguir nuestros políticos los consejos de la sabia minerva.

No es imposible que los científicos marquen las pautas de los políticos, no es difícil cohonestar la Ciencia y la Política, pues solo bastaría con que ésta asumiera fielmente los principios de quien es su maestra en la actual crisis sanitaria. Porque solo la Ciencia nos puede sacar de la negrura de este profundo y letal pozo.

Tomemos buena nota cuando por el horizonte ya asoma la Semana Santa. Por el bien de todos, no cometamos los mismos errores.

 

 

 

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