Héroes y villanos.

 

Varios representantes políticos y militares al uso, han sido destituidos de sus cargos y, algunos, separados del partido, por inyectarse indebidamente la vacuna anticovid-19, al usurpar el lugar que solo correspondía a sanitarios de primera línea, residentes de geriátricos y personas discapacitadas. Llegan noticias de que varios obispos y sacerdotes, funcionarios y otros ciudadanos, también han delinquido, burlando el orden protocolario establecido.

La historia de la vida real y de ficción está repleta de personas, que se han alineado de motu proprio  en el grupo de los héroes o en el de los villanos. También está el paradigma de los antihéroes, pero esa es otra cuestión.

Nombres como Louis Pasteur, Santiago Ramón y Cajal o Margarita Salas, entre muchísimos más, forman parte de los científicos-héroes, que han dedicado su vida a la investigación para mejorar las condiciones de salud de las personas. Ghandi, Luther King o Ahiy Ahmed Ali, contribuyeron por medio de su metodología  e interpretación del mundo a enriquecer las relaciones humanas, promoviendo la paz y la igualdad entre todos. El rosario de héroes es muy largo, pues la mayoría son personas anónimas, que escapan al relumbrón de las noticias o anuncios.

En el otro lado de la cara hay también ejemplos, mejor dicho malos ejemplos, con los que se podrían empapelar con sus nombres el globo terráqueo.

Héroes son quienes promueven con sus actos la felicidad de los demás; villanos, los que la desprecian, o les importa poco o nada. En todo caso, solo sienten aprecio por su propio bienestar, desafectándose del bien común.

Vivimos desde hace algunos meses una crisis social, económica y sanitaria sin parangón, que ha obligado a todos, instituciones y ciudadanos, a adoptar medidas rigurosas para paliar o aliviar sus severos efectos, incluso mortales. Y es en este escenario en que nos movemos, este tempestuoso proscenio, donde se muestran a las claras, sin disfraces ni máscaras, las dos caras de los protagonistas: los héroes y los villanos.

Cada cual conoce a los profesionales de todas las ramas y gremios, mujeres y hombres, que en el contexto actual desarrollan una labor provechosa y beneficiosa en pro del bienestar general, dando lo mejor de sí mismos (sanitarios, policías, panaderos, transportistas, profesores, hosteleros, barrenderos, científicos…).

Pero, quienes no respetan el turno para vacunarse, y deciden con falacias y engaños colarse delante de otros, obteniendo prebendas en virtud de su cargo o rango militar o eclesiástico, bien merecen la nominación de villanos. Siempre entendí que el valiente capitán era el último en abandonar el navío encallado, después de poner a salvo a sus tripulantes. No parece que en esta ocasión, algunos políticos de turno, militares y clerecía incluidos, hayan estado a la altura de las circunstancias, pues han buscado, como villanos, su propio bien.

 

 

 

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