Mal año.

 

 

Este año, mal sembrado y yermo, está a punto de pasar. Y es lo que todos deseamos. Si miramos atrás, el panorama es bien sombrío, como el páramo reseco y abandonado: más de ochenta millones de contagiados por el coronavirus y un millón setecientos mil fallecidos, a golpe de asfixia, son los datos siniestros que el Covid-19, aún vigoroso, ha dejado a su paso por el mundo. No faltan tampoco las secuelas que va dejando: sanitarios agotados, con suerte; policías desesperados por la irresponsabilidad de muchos; ancianos alojados en las residencias a la espera de un abrazo o de una sonrisa filial; mujeres peor tratadas -maltratadas- en un asfixiante espacio por un varón que no las ama; niños gimoteantes porque les falta aire; estudiantes a medias que no saben qué hacer en casa el día inhábil; desempleados agostados a los que les faltan medios para alimentar a su familia; trabajadores en ERTE que pueden convertirse, si  los hados no son favorables, en parados; jóvenes recién graduados, desalentados, sin fe en el mañana –la generación más preparada de la historia-. La lista puede hacerse interminable.

Tampoco ha habido mejor fortuna en otras cuestiones de enorme importancia como es el cambio climático, el otro gran problema mundial: Los casquetes polares del Ártico se desmoronan a pasos agigantados por el calentamiento de la atmósfera; los huracanes han batido con más virulencia e intensidad que nunca las costas centroamericanas bañadas por el Atlántico; los incendios han quemado 2,5 millones de hectáreas en el Amazonas, 2,6 millones en la costa oeste de EEUU,10 millones en Australia… En España registramos las temperaturas más altas de la historia desde que se tienen datos científicamente registrados; se han extinguido 70.000 hectáreas carbonizadas; es el país que más residuos vierte a los contenedores de la Unión Europea…

Bien mirado, este año, al que le quedan unas horas para acabar y pasar y extinguirse, ha sido el peor año que se recuerda desde hace decenios.

Pero, me da que nosotros, los que seguimos en pie a duras penas, pasamos también, sin casi percibirlo, como el funesto año 2020.

 

 

 

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