Segunda oleada.

 

 

Los datos no ofrecen ninguna duda sobre la presencia indeseada de la segunda ola de la pandemia. Las fuentes informativas constatan al día de hoy la existencia de treinta y cinco millones de infectados y un millón de muertos en el mundo. En España son seiscientos mil contagiados desde junio y, solo en octubre, se han registrado cien mil casos. En consecuencia, las autoridades sanitarias constatan la llegada de la segunda ola de la enfermedad.

La primera nos cogió por sorpresa, fue un ataque felón por la retaguardia, que costó miles de muertos y otros muchos más damnificados o contagiados. Pero, a sabiendas de que el virus no se había ido de nuestro entorno y acechaba en los lugares más insólitos, muchos ciudadanos prefirieron ignorarlo, ya por comodidad o ausencia de voluntad, ya por una suerte de afectada e inútil rebeldía contra la norma general. El caso es que la irresponsabilidad individual y social ha sido la causa principal de este segundo ataque del enemigo invisible, no por eso menos agresivo y fiero.

Es, pues, el momento de tomar medidas firmes y eficaces para paliar los efectos, que solo las autoridades competentes en sanidad (epidemiólogos, virólogos, médicos, investigadores…) pueden plantear. Ellos, expertos en la materia, tienen el derecho y el deber de dictar las normas de orden sanitario y social que conviene en estos momentos, siendo los políticos quienes han de aplicar en todo el país las decisiones comunes adoptadas por ellos. De este modo, se garantiza el bienestar común de todos los españoles.

De no ser así, las consecuencias podrían ser graves. Por un lado, los servicios médicos de atención primaria y los hospitales pueden repetir el colapso anterior, además del agotamiento y fatiga hasta lo indecible del personal sanitario. Y por otro, podrían repetirse sin remedio los fallecimientos desproporcionados y dolorosos de muchos ciudadanos.

Las pandemias históricamente se han repetido en sucesivas oleadas, pero no tiene por qué inexorablemente producirse siempre el mismo hecho, si el conjunto social actúa unánimemente con responsabilidad y coherencia. Quiero decir que, si hoy los españoles nos tomamos en serio el problema del coronavirus y adoptamos las medidas consabidas hasta la saciedad, rebajaríamos sin duda de modo inminente el riesgo social y sanitario de la comunidad, taponando de paso la terrible posibilidad de una tercera y fatídica oleada. Porque, la segunda ya no podemos evitarla. Está aquí.

 

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