La negación del negacionismo.

 

 

No se puede negar lo evidente, es decir, los principios, axiomas y conceptos obtenidos como resultado de la experimentación metódica y rigurosa, no pueden negarse frívolamente por nadie, sino es por un interés oculto o torticero.

Algunas minorías extendidas por Europa y EEUU principalmente, ponen en duda la existencia del coronavirus, que ha dado lugar a la pandemia más letal del siglo XXI, y que debe retraerse un siglo para encontrar otra de similares efectos en 1918. Las razones que se aducen para esta negación no existen, sencillamente se niega porque sí, o a lo sumo, se exhiben contenidos propagandísticos del tipo “nos desean manipular , “ se destruyen las libertades fundamentales” o “los políticos nos mienten”, es decir, se recurre a falsos argumentos o falacias para sostener la negación de la pandemia.

Pero es que la realidad es tozuda. El virus productor de la enfermedad mortal ha sido aislado, secuenciado y catalogado en los laboratorios más exigentes del mundo. Cada día se conocen mejor los rasgos que lo caracterizan, y en virtud de ello, los laboratorios trabajan febrilmente en la producción de una vacuna, que ha de llevar a su eliminación.

Por primera vez en mucho tiempo, la comunidad científica ha creado más de doscientos grupos de trabajo, coordinados por una plataforma internacional, que actúa como garante de la seriedad y rigor de los hallazgos científicos, así como la orientación de los mismos hacia la destrucción del mortal. ¿Habría de pulsarse este despliegue de recursos y medios, si no existiera el virus?

Pero la realidad supera a la ficción. A la fecha de hoy los datos son tan categóricos como desoladores. Casi 900.000 fallecidos, 25 millones de infectados en el mundo. España ya vive la segunda oleada o está frisándola, antes de la temerosa llegada del otoño, que además de vientos y lluvias, todo indicaba que volvería a arreciar virulentamente las huestes enemigas. Y en esta caída o retroceso nacional, el resto de Europa parece seguir idénticos derroteros. ¿Es que este descalabro sucede porque nos hemos vacunado de la gripe el año pasado?

Podemos discutirlo casi todo en esta vida. Pero la verdad científica, la que está cimentada en la experimentación y el análisis, en las fuentes documentadas, tienen poco o ningún margen de error. El padre B. Feijoo advertía en el período de la ilustración que el resultado de la investigación contrastada es una verdad incuestionable. Porque negar el virus tiene el mismo origen que negar la redondez de la tierra o el holocausto judío, es decir, o es puro cretinismo o es perfidia.

Por eso, hay que negar el negacionismo.

 

 

 

 

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