Lección de humildad.

 

 

No hay peor error que la autosuficiencia, creerse excepcional en algo, como por ejemplo que nuestro país tiene la mejor sanidad del mundo o que nuestra red industrial está firme y sólidamente anclada, hasta el punto de que en ningún caso podrían peligrar ni la salud ni la economía de los españoles, en definitiva, el bienestar común de la inmensa mayoría.

Y sin embargo no es así. La pandemia ha puesto de manifiesto la debilidad o flaquezas del sistema de salud públicos –el privado no es un sistema, ni tiene la vocación de servicio general-, y ha objetivado la fragilidad del conjunto industrial, que sigue considerando el turismo como el motor principal de la economía global.

Vivimos años de locura en que se repetía- y a base de repetirlo muchas veces, nos lo creímos- que la Sanidad española era una de las mejores del mundo. Bastó el despertar de un aire repentino, que heló las espigas del campo y las arruinó, un virus letal, para que cayéramos en la cuenta de que hay algo que no va bien, y que la Sanidad falló en estos momentos críticos. Seguimos siendo al día de hoy el país occidental con más infectados y fallecimientos, y no parece que el futuro inmediato vaya a mejorar. Por otro lado, las estadísticas no dejaban de proclamar la velocidad de crucero de las industrias españolas, especialmente de la turística, hasta que el fuego devorador del virus, destruyó todo, dejando un paisaje quemado y desolado. Eso ha traído que España sea el país con mayor recesión de Europa.

En mi opinión, ha habido una sobredimensión de lo español desde adentro, y una banalización de las estrategias que este país debía haber tomado hace tiempo, al menos, desde el final de la dictadura. Estrategias educativas, científicas, empresariales y morales.

Es algo muy nuestro: creernos excelentes y dejarnos llevar por la corriente o la inacción. Hubo un tiempo en que España tenía a gala ser “la reserva espiritual de Europa” –así  lo decían incluso adalides de la filosofía-, no siendo otra cosa que una reserva de gazmoñería y falsa beatitud. Hoy tocaba afirmar que España es una reserva de progreso y desarrollo, resultando que tampoco es así.

Hay que empezar de nuevo para hacer de este país un lugar moderno, sostenible, solidario, igual, culto, donde todos podamos vivir dignamente sin que a nadie le falte lo esencial.

Sin ir más lejos, debería aprobarse por las instituciones la petición de un grupo de científicos independientes para examinar la crisis sanitaria y tomar medidas que mejoren la sanidad española. No estaría de más que otro grupo de expertos solicitasen un estudio del panorama económico para sanar esta cuestión de una vez, y dotar a España de un verdadero entramado empresarial.

Sin duda, los primeros pasos.

 

 

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