Lo importante, primero.

 

 

Hoy, 4 de agosto, ha sido primera noticia en todos los medios de comunicación la salida de España del rey emérito Juan Carlos I, según él, para no perjudicar la institución de la Monarquía representada por su hijo Felipe VI. Al hecho, sucedieron múltiples reacciones a favor y en contra, que pone de manifiesto la existencia de quienes defienden la Monarquía, y de quienes se abrazan a otras formas de gobierno, como la República. Todo es legítimo.

Para el espectador ha resultado una de Tirios y Troyanos, a la gresca, siendo sin embargo el asunto tan palmario, como que el propio rey –el antiguo- decide dejar su país porque considera que los hechos que lo acusan pueden ser de tal gravedad que pone en peligro la continuidad de la institución. Y punto.

Lo que suceda en el futuro queda en manos de la judicatura, que a buen seguro, pues confío en la división de poderes, dará cumplida cuenta del caso. Y si no, al tiempo.

Pero mientras esta batahola se desataba, la difícil y cruda realidad económica y social de España marcaba desgraciadamente el protagonismo del día. Nos enteramos de que en Galicia ya hay más de 45.000 personas menesterosas, en una palabra, que no comen; en Cataluña, 150.000 ciudadanos son amparados por Cruz Roja y Asociaciones de Vecinos; en Madrid ha crecido la hambruna en más de 100.000 almas; y, por decir algo, en Andalucía dependen 380.000 andaluces de la Federación de Bancos de Alimentos de Andalucía, Ceuta y Melilla. Nadie pone en duda la labor de contención del gobierno ante este problema, mediante la adopción de medidas sociales como el ingreso mínimo vital, los ERTE, las delegaciones de Servicios Sociales, el SMI etc. etc. Tampoco hay que olvidarse de los discretos, pero eficaces gestos de ayuda humanitaria de agrupaciones de ciudadanos, asociaciones de vecinos, que hacen todo lo que pueden.

Pero, ¡es tan grande el problema, derivado del feroz ataque del coronavirus, y tan cortos los medios, según se dice!

Por eso, me duele, y me enoja, que los gobernantes de nuestro país se vean envueltos en turbios asuntos, pues anhelo una patria honrada, libre y trabajadora; pero me duele más que las gentes y ciudadanos de este país –y de todos- deban hacer fila, a veces vergonzosamente, para poder comer.

Pongamos las cosas en su sitio.

 

 

 

 

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