Europa, más fuerte.

 

 

Por fin, se ha desvelado el 21 de este mes la solución económica que debía tomar la Comunidad Europea por la crisis de la pandemia (suelo rehuir el uso del término Covid-19) : Europa se reparte un buen puñado de euros para ayudar, sobre todo, a los países más necesitados del sur.

Desde que surgiera en 1957 la CEE (Comunidad Económica Europea) en virtud del Tratado de Roma, como una confederación de naciones, libres de aduanas y aranceles, y se decretase la libre circulación de bienes y personas en todo el ámbito, no sucedió ningún cataclismo ni crisis profunda, que pusiera a prueba la solidez de esta alianza. Es cierto que todos los países miembros han recibido en diferentes momentos ayudas económicas, susceptibles de entibar y fortalecer las economías nacionales. España, por ejemplo, debe sin duda la modernidad de sus infraestructuras a las generosas reservas, que recibió de Europa. Pero, no es menos cierto que hasta ahora no habíamos padecido una crisis como la actual.

En este doloroso contexto, la respuesta de la CE o UE (Comunidad Europea o Unión Europea) ha sido la adecuada, la que esperaba como europeísta y español, convencido de que Europa se hace día a día con políticas culturales, sociales y económicas de primer nivel, de profundo calado.

Durante esta agonía (lucha o debate, en sentido etimológico), ha quedado probada la existencia de dos actitudes diferentes: la de los llamados “frugales” (por lo de contención del gasto) y la de los contrarios (¿los pródigos?), entre los que estaba España. Tras largos y agotadoras sesiones, las partes han encontrado el equilibrio en la solución que ya sabemos. A fin de cuentas, satisfactoria para ambas partes.

No es” España un problema- decía Ortega- y Europa la solución”. Tampoco es el “inventen ellos” de Unamuno. España es un país de laudatorias cualidades y enojosos vicios, que debe importar en estos momentos la política de equilibrio europea. Podemos enseñar muchas cosas a Europa, pero también debemos aprender con toda humildad la lección de armonía y término medio, el consenso en definitiva, que Europa ha dado a este país.

Tomen nota nuestros jóvenes y legos políticos, sobrados de soberbia adolescente, derechas e izquierdas; tomemos nota, todos.

 

 

 

 

 

 

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