Responsabilidades.

 

 

 

Una de las voces que más se oye en los últimos días es la de Responsabilidad. Desde diferentes asociaciones, grupos de ciudadanos y algún partido político, se están promoviendo querellas y demandas judiciales contra el gobierno central y algún gobierno autonómico, con la finalidad de depurar responsabilidades, si las hubiere, por la gestión que se ha hecho hasta la fecha de la pandemia.

Los ciudadanos no solo tenemos ese derecho petitorio, sino que además nos asiste la obligación de exigir responsabilidades a las autoridades judiciales, si existe la sospecha de que algo no se ha hecho bien durante este difícil y penoso período. Pero, como todo derecho, hay que tener la suficiente cautela a la hora de ejercerlo, pues también está en juego la buena imagen y rectitud del demandado.

No dudo de que la responsabilidad política de los gobernantes habrá de ser examinada con lupa cuando llegue el momento de las elecciones, pues los ciudadanos validarán o no con sus votos las actuaciones de los partidos, y sobre todo, las del gobierno actual. Tampoco pongo en cuarentena las responsabilidades civiles, pues han podido existir actos u omisiones desacertadas, e incluso negligentes, susceptibles de esta clase de responsabilidades. Pero me cuesta mucho -y es naturalmente mi opinión- aceptar la existencia de responsabilidades penales, bien por omisión del deber de socorro, prevaricación, homicidio por imprudencia grave, o cualquier otro tipo penal. No obstante, es indubitable por constitucional que el Tribunal Supremo tendrá la última palabra al respecto.

Pero la responsabilidad por los propios actos no solo debe solicitarse de la clase política, sino que estimo debe también extenderse a la clase popular –permítaseme este maniqueismo-, a los ciudadanos, que somos todos.

Porque se han visto, y se repiten cada día, numerosos ejemplos de grupos que no respetan las normas de profilaxis preceptivas: reuniones de familiares sin ninguna cautela, celebraciones de fiestas a todo trapo, botellones sin distanciamiento ni mascarillas, ocupación masiva de las playas, asalto a los cafés y bares en tropel. La última imagen descabellada ha sido la de un grupo de aficionados, que celebraban desaforadamente el retorno de su equipo de fútbol a primera división.

También, en estos casos, alguien debería ejercer acciones de responsabilidad contra actos de aquella naturaleza, por lo menos, de responsabilidad moral.

Es importante que exijamos responsabilidades, cuando las circunstancias así lo aconsejen. Pero, todos, políticos y ciudadanos debemos aprender de los errores cometidos en el pasado inmediato, para solventar con acierto el problema de la pandemia y salir airosos cuanto antes de esta crisis, que nos sigue asolando.

Eso espero.

 

 

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