De Grandas a Fonsagrada (II).

         La visita al museo es un paseo agradable y emotivo por el pasado de la Asturias rural. Los gremios y sus herramientas, la casona y el medio campesino ocupan un espacio único, a través del cual se va recuperando la memoria de la cultura tradicional de la comunidad asturiana.

      El museo fue creado en 1984 por el vecino José María Naveiras, Pepe el Ferreiru, con la aportación de su propia colección reunida a lo largo de la vida. Luego, este rico patrimonio fue ampliándose con sucesivas donaciones y aportaciones de otros particulares. A partir de 1989, el museo es acogido en la casa rectoral o del cura, rehabilitada para la ocasión, cuya antigüedad se remonta a 1814. Si bien muchos enseres están reunidos en la casa, otros muchos han ido ocupando ámbitos lindantes, sobre todo el de la casona, para conformar al final un espacio de más de 3000 m2.

        Comienza la visita en el cabanón, espacio cubierto de vigas y traviesas de castaño, junto a la casa, donde se guardan los aperos de labranza, especialmente el carro, que era tirado por la fuerza colosal de las vacas uncidas por el yugo. En el otro extremo, un cobertizo de cubierta a un solo agua, recoge el material de las serrerías, y una exposición de madreñas, zueco de madera útil para caminar en zonas de barro y agua.

     La rectoral tiene una planta inferior y otra baja. De todas las piezas, la de mayor calidez es el llar, voz del bable central, o a lareira, bable oriental, que es el sitio preferente de encuentro de toda la familia, sobre todo, durante las largas noches invernales. Es en este rincón, con largo bancos de madera adosados a la pared, chimenea de tiro por donde el humo se embocaba, alacena con vasos y platos, escudillas y otros trebejos anudados a la pared, donde los más mayores, generalmente las abuelas, iban cantando cancioncillas o coplas de amores y penas, o recitaban viejos romances de moras y cristianos. Es en este apacible lugar donde se ha formado la literatura popular asturiana.

El Llar o Lareira

    Un alargado pasillo que sale del llar conduce al salón o cuarto de estar. Una recia mesa de nogal o roble, no se sabe, se sitúa en el centro de la estancia, y alrededor se distribuyen espejos, hornacinas con vasos y platos, un reloj de cuco, y hasta una cama, pues a veces era necesario utilizar esta parte de la casa como dormitorio. Cuelgan de las paredes cuadros familiares y algún otro religioso. El suelo es una tarima de madera y el techo, un vigamen bien dispuesto

     

Salón

    De un lado de la sala se desgaja el cuartín, un pequeño cubículo destinado a dormitorio. Forman la estancia una pequeña cama de madera con colchón de hojas de maíz, una estrecha mesilla sobre la que descansa una palmatoria y una bacín disimulado en un mueble cuadrado, además de otros objetos.

El cuartín

          Y del otro lado, se pasa al telar, donde del lino y lana, materias primas muy importantes en esta zona asturiana, se utilizaban para la confección de todas las prendas de vestir, además de alfombras, mantas y colchas.


                                                                                                                                 Los telares

     En la planta baja de la casa se encuentran diversos oficios o menesteres muy arraigados en la comunidad rural, tales como la fragua o forxa ( eran muchos los útiles de hierro usados en el campo y en la casa, así como la necesidad del herraje de los animales), la carpintería o ebanistería ( idénticas aplicaciones), la cantina y la bodega (de uso sobre todo masculino, pues no debe olvidarse que, a pesar de que la mujer desempeñaba todos los roles en el campo y en la casa, sin embargo determinados espacios comunes estaban reservados al género masculino), y la zapatería ( hasta bien entrado el siglo XIX no existían zapaterías por la pobreza de los lugareños y tenían que valerse de las madreñas y humildes abarcas de cuero).

La forxa o fragua


La tornería y carpintería

La cantina

Bodega

Zapatería

       Una vez en el exterior de la casa, núcleo y origen del museo, aún quedan por visitar la casona y otros aditamentos de enorme valor en la historia de Asturias. Pero, se hará en el apartado siguiente.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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