De Grandas a Fonsagrada. Una mirada etnográfica (I).

 

     Se entra en Grandas, capital del concejo de Salime, a través de un apacible vedado y un paseo de barandas de madera, entre deleitosos prados y un arroyo que baja alegre sobre la hierba rediviva. Es necesario hacer una pausa bajo los cerezales y robar un trago a la fuente, a estas horas de soledad absoluta, donde nadie pasea ni ningún campesino faena.

    Sorprende el trazado lineal de la pequeña población como paso obligado de los peregrinos, al igual que ocurre en otros lugares del itinerario. Al fondo, en el margen izquierdo de la carretera,  domina el centro de la villa el edificio consistorial, dotado de dos plantas y balcón central sobre el que pende un reloj, recordatorio de las horas en este sencillo pueblo astur, que vive sin prisas.

                       Foto de la emigración

       Algo más adelante, el recogido parque muestra una exposición de fotografías sobre Felipe VI, con ocasión de la visita que aquí realizó cuando Grandas fue nombrada Pueblo Ejemplar de Asturias en 1993. Una de las fotos más atractivas, a la vez que dolientes, enseña a un padre que pasa la mano sobre el hombro del hijo, acariciando su mentón. Los rostros fruncidos, como dos telas descosidas, muestran el dolor que la emigración y la pobreza dibujaron con trazos torcidos en estos lienzos del occidente asturiano. Cerca, en el centro del jardín, hay un  hórreo rodeado de castaños de indias, arces y plataneros como muestra singular de la arquitectura popular. Quedo con la duda de si  se ha traído de algún lugar o se ha construido para la ocasión. Hoy me parecen bellos adornos como boinas dejadas en la entrada del portal, cuando no hace mucho tiempo sirvieron de eficaz granero a los agricultores y abrigo de los chirriantes carros de aldea, que se colocaban debajo de las vigas.

Hórreo en el jardín

Como siempre, no faltan los rapaces que juguetean y llenan de ruido el parque.

  Nada es menor en Grandas, pero dos son los tesoros que esconde el pueblo: la iglesia de San Salvador y el museo etnográfico, tan diferentes por edad y contenidos, pero a la vez tan importantes ambos.

   

Iglesia de San salvador

      El conjunto de la iglesia es desigual pues se han superpuesto varios estilos con el paso de los siglos. La construcción románica de finales del siglo XII comprende la parte porticada que rodea a modo de cinturón todas las fachadas, la portada, que no coincide con la entrada principal, y algún elemento más como las gárgolas y una pila bautismal. Sin embargo, la torre de cuatro campanas, rematada en chapitel de pizarra, data ya del siglo XVII. La planta de una sola nave es de cruz latina.  Dentro, además de un retablo con imágenes barrocas, se han recogido otras de la antigua iglesia de Salime, antes de ser inundado por las aguas del embalse. Pese a todo, no parece romperse la armonía de todo el conjunto.

     Alrededor de la iglesia, se abre una ceñida plaza y algunas calles y travesías donde los peregrinos descansan.

    En un giro, encarada la calle del Ferreiru, se dispone una fachada de piedras bien prietas con un tejadillo de pizarra y un portalón de madera. Estamos a punto de entrar en el museo etnográfico más importante del occidente asturiano, probablemente de Asturias, quién sabe si de España, pero el bosquejo viene después.

 

 

 

 

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