Pola de Allande-Berducedo (II).

 

      Se abandona Pola de Allande en dirección al puerto del Palo, a 1146.m de altura, del que se cuenta que es un duro y bravío puerto. Debe sufrirse la cuneta de la carretera en los primeros tramos del camino hasta el desvío por otra vía ya rural.

                        Al fondo, el puerto del Palo

      Sin dejar nunca de ascender, esta parte inicial resulta suave y encantadora hasta llegar al caserío de La Reigada. El río Nisón baja cantarín, mientras que el peregrino sube con aires sobrios; uno y otro no dejan de flirtear hasta bien entrada la cima, donde el río se vuelve arroyo para nacer entre las peñas del Palo. Este valle abierto por las aguas no deja de sorprender venturosamente. Serpentea el camino entre formidables castaños, prados undosos ocupados por vacas y carneros, alguna villoría solitaria, y regatos que se pierden en el tajo del río. Por encima, pespuntan las sierras que se recortan en el cielo gris, a estas horas nublo, aunque los rayos aprovechan leves resquicios para colarse y llevar la luz intensa a lo más profundo de la vaguada. La Reigada, diminuto cantón, pone fin a la liviana subida y marca el principio del duro y continuo ascenso.

      A medida se va ganando altura se deja sentir más frescura y el paisaje, que abandona la verdura de los bosques, se vuelve más ralo para dejar paso a los brezos, retamas y algún que otro roble y quejigo. Poco a poco, entre resuellos y breves descansos, se presiente el llano del puerto y, por fin, se sale al alto del Palo en medio de redondas bolsas de niebla, que se desparraman por diferentes lugares en caprichosas formas. Por uno de los lados, viene un camino procedente de la ruta de los Hospitales, la que se ha tomado en  Borres, y ambas sendas se juntan aquí para iniciar la bajada en busca de los pueblos siguientes.   

      

              Puerto del Palo

     La planicie del puerto es áspera y fragosa, apenas un manto verde recubre un suelo pedregoso, castigado por las duras inclemencias del invierno y por el azote de los vientos. Resulta difícil imaginarse antaño el paso de los peregrinos por estos inhóspitos pagos donde, además del mal tiempo, corrían alimañas salvajes que sin duda ponían en peligro cualquier forma de vida existente. Ahora, solo se observan una manada de caballos que se muestran incómodos ante nuestra presencia. Cuando se dispersan los cendales de niebla, la mirada se pierde en el horizonte infinito, plegado de sierras y cordales, que profetizan el fin de estas hermosas tierras astures y el orto de las otras gallegas. Las gentes de por aquí dicen que a partir del Palo ya las cosas son de otra manera, quieren decir que del Palo para abajo todo se galleguiza, tanto que, incluso la lengua asturiana o bable occidental, romance vernáculo de esta parte, se mezcla con el gallego de la vecina región para dar paso a un mestizaje lingüístico o de frontera. 

     La bajada, convertida casi en un canchal,  es cada vez más inclinada y vertical, hasta que se encuentra la entrada al pueblo de Montefurado, donde se dice que existió otro hospital de peregrinos. Es una corta hilera de casas de piedra y techos de pizarra, donde ya no queda nadie para contar qué fue de su pasado. Solo el viento interrumpe el silencio de este lugar. Montefurado se traduce como “el monte agujereado” porque así sucedió desde la época castrense y, sobre todo, durante el período de la expansión romana. Cerca de la zona existe el lugar conocido como la Fana de la Freita, un monte puesto patas arriba a la manera de un hachazo que se hendiera en su cabeza, y que ocurrió porque los romanos agujerearon su interior para inyectar agua a gran altura, de forma que el monte se deshacía como tierna mantequilla. Luego, el mismo agua arrastraba el aluvión de piedras, algunas de las cuales eran verdaderas pepitas de oro. Gran parte del occidente asturiano resultó un fértil yacimiento de oro, cuya prospección y producción aún coleó en el siglo XX. Desde este camino primitivo pueden verse las heridas abiertas a los montes, que fueron provocadas desde tiempos antiguos.

            Tajos de antiguos yacimientos de oro

           Ya por un sendero más llano, se sale a la aldea de Lago, recoleto caserío de arquitectura popular, basada en el empleo de la pizarra pues es un mineral extendido en la zona. Todos los tejados de las casas muestran la presencia de este noble material.

           Y desde Lago, se desciende suavemente a través de algún bosque poblado de pinos, hasta la localidad de Berducedo, un paraje grácil y armonioso, que invita al descanso más reparador.         

 

           

                                                          Lago

 

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