De Salas a Tineo (y II).

Subida al alto de La Espina

            La salida de Salas para encarar la subida al alto de la Espina se realiza por la calle Undinas. Pronto se toma una senda paralela al río Nonaya, que no cesa en su canto. Ella se ensancha o se angosta a su capricho; a veces el suelo queda cubierto de hojarasca húmeda que con el tiempo se hace putrefacta y enriquece la tierra, otras los guijarros tropiezan y se clavan en las botas; y a menudo a los lados se levantan muros improvisados de piedras de todos los tamaños en los que reverdece el musgo. Aunque luce el sol a ratos, apenas se deja sentir la luz celeste pues la espesura vegetal, apretadísima, forma una bóveda que impide que los rayos del sol penetren en el interior del camino, creándose así hermosos lienzos de luces y sombras. Entre tanto el río no duerme nunca, e incluso tiene tiempo para hacer cabriolas, pues en algún tramo del cauce se forma la cascada del Nonaya, como una larga y blanca  barba, que la naturaleza ha creado a su gusto.

      Poco a poco se va ganando campo abierto para llegar a las primeras casas de Porciles, luego de Bodenaya y, por fin, de la Espina. Los prados se descuelgan rebosantes de hierba exultante, y se desmarcan unos de otros por setos irregularmente alineados o por hileras de árboles, que dan alivio y sombra a las vacas. A los lados, cierran el paisaje los cordales de Bodenaya y el Viso. Tomada la llanura, llega el descanso y la contemplación de los alrededores.

 

Porciles

      La Espina es una larga y ancha planicie que actúa de límite entre los concejos de Salas y Tineo, en cuyo extremo se asienta la pequeña población homónima. Desde esta localidad, los peregrinos han podido desde siempre tomar el desvío de la costa hasta Luarca o seguir camino abajo a través de un camino más accidentado hasta Tineo. Hubo en este lugar una leprosería y un hospital, tal como se documentan en los beneficios que Alfonso IX concede en 1229 a la malatería con motivo de su peregrinación desde Oviedo a Santiago, y la dependencia del hospital del arzobispado de Santiago ya antes de 1268 pues recibe importantes donaciones de esta . De ambas instituciones no queda huella alguna en la actualidad.

    El occidente asturiano tiene la peculiaridad de haber sido tierra de “vaqueiros de alzada”, un grupo diferenciado por sus costumbres y tradiciones culturales del resto de los asturianos que, marginados por sus diferencias, tenían como actividad principal la ganadería. Uno de los ritos antiguos era la práctica de la trashumancia, pues pasaban los inviernos cerca de las costas o valles interiores y subían con las reses en la primavera a los puertos de altura, donde los pastos eran más abundantes y mejores. De entre tantos, algunos vaqueiros llegaban a La Espina desde Grado y Salas, para fijar aquí su residencia estival. Incluso, parece que La Espina es un pueblo de aluvión vaqueiro.

    El camino pasa por diferentes aldeas que pertenecen al concejo de Tineo. Es un amplio terreno llano y de buenos prados, vigilado por cordales, que son aprovechados como feraces pastizales por el ganado, pues esta actividad supone desde antaño el principal recurso económico de la zona.

                                      Los llanos de La Pereda

    Aparece primero La Pereda, en cuyo barrio del Humilladero está la ermita de Nuestra Señora de los Afligidos, apenas reconocida más que por unos carteles que informan del suceso y una espadaña en uno de sus muros laterales. Justo en frente se extiende el “prau” del Hospital, que hace referencia al antiguo centro hospitalario fundado por los monjes del vecino monasterio de Corias, y mantenido en pie hasta el siglo XIX. Luego se atraviesa el caserío de El Pedregal. A la salida se deja un cruz de piedra, apoyada en un basamento cuadrado, y por encima del camino se muestra la casa Begega o casa del Hospital pues también cumplió esta función siglos atrás. Es un sólido caserón asturiano provisto de una torre de tres plantas y  fachada con portalón adintelado por una galería de cristal. Por último, se pisa Santa Eulalia y la ermita de San Roque, antes de tomar el paseo de los Frailes, ya en los aledaños de la villa de Tineo.

                              Vista desde el paseo de los Frailes

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s