De Grado a Salas (y II).

                                Alto de La Cabruñana

   Se sale de la villa para afrontar el ascenso que conduce al alto de la Cabruñana, límite natural entre los concejos de Grado y Salas. Pero antes se ha de pasar por el villazgo de San Juan de Leñapañada, donde existe constancia documentada de la existencia a principios del siglo XIII de un hospital de peregrinos de la Orden de San Juan de Jerusalén y, a poco del alto, el peregrino tropieza con el santuario de la Virgen del Fresno, porticada, y con aspecto de fortaleza. Aunque la construcción actual está fechada en el siglo XVI, ocupa el suelo de una antigua ermita medieval. Desde este excelente cerro de La Cabruñana las panorámicas de los valles de ambas parroquias son inigualables.

     El descenso hacia Dóriga, pequeño caserío en que se halla el formidable palacio de Dóriga (otra construcción indiana llena de suntuosidad interior, según cuentan quienes lo han visto) es rápido, y algo más adelante el caudaloso río Narcea se erige en el mejor mayordomo que sirve a las feraces tierras del concejo de Salas. Nada más atravesar el puente, el peregrino se encuentra con la población de Cornellana, cuyo origen está ligado al conjunto monástico de San Salvador. El convento se fundó en el año 1024, pero la prosperidad no llegaría hasta un siglo después con la donación que Alfonso VII hizo a favor de los monjes cluniacenses. A partir de ese momento la actividad de la abadía no cesó, aunque existen documentos del año 1300 que acusan a los frailes y abades de este monasterio de prácticas ilícitas con vecinos o peregrinos, a los que no dudaban en robar o engañarles para su provecho. La abadía e iglesia son abandonadas con la desamortización de Mendizábal alrededor de 1836. Se trata de una armonioso conjunto formado por iglesia de dos torres (una románica) y cabecera de tres ábsides (también románicos), y abadía con claustro ( ambos del barroco).

      Actualmente, todo es ruina y abandono. Lo que fue en otro tiempo un lugar de febril actividad religiosa, social y comercial, se ha convertido en una fábrica de muros abandonados e interiores lóbregos, a la espera de una profunda reconversión monumental.

                         Iglesia y monasterio de San Salvador

    Por la izquierda del cenobio se sale en dirección a Sobrerriba y el alto de Santa Eufemia, siguiendo el cauce fluvial del Nonaya. Al paisaje siempre bello, lo acompaña en estos lugares un silencio apenas quebrado por el ruido de los pájaros, que se deleitan con la soledad de la naturaleza. A la altura de las aldeas de Llamas y Quintana, las sierras se levantan para acompañar a los peregrinos casi a las mismas puertas de la vecina Salas. Antes, sin embargo, se pasa por la aldea de Casazorrina, donde se han apostado desde hace siglos una muestra variopinta de hórreos y paneras, tan unidos al paisaje rural de Asturias. No se sabe con certeza el origen de estas reliquias prerromanas, que pueblan los campos y caminos asturianos, pero sin duda han prestado un servicio eficaz al labriego pues han guardado y protegido eficazmente las cosechas de grano o los tasajos de las matanzas del clima lluvioso y de los roedores.

Horreo y quintana en Casazorrina

Enseguida, se entra por la vía principal de la villa de Salas.

 

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