Descubriendo el Camino Primitivo.

 

 

ANTECEDENTES.-

 

                                   Alfonso II El Casto

 

     Para hacerse una idea más clara del Camino Primitivo se debe volver una vez más al origen, es decir, al descubrimiento de las reliquias de Santiago en el Occidente europeo.

      La versión, de tradición oral, del hallazgo (“inventio”) de la tumba del Apóstol se encuentra recogida en un documento de 1077, conocido como la Concordia de Antealtares y en otros posteriores de principios del siglo XII, el Chronicón Iriense y la Historia Compostelana. Según el primer texto (“concordia o acuerdo”), suscrito por el abad del monasterio de San Salvador de Antealtares y el obispo de Compostela, Diego Peláez, unas luces iluminaron un espacio acotado del monte Libradón, en Iria Flavia. Esa extraña circunstancia alertó primero a un eremita de nombre Pelayo y, después, al obispo de aquella demarcación, Teodomiro, que se trasladó inmediatamente al lugar para verificar lo que pasaba. Una vez allí, una pequeña construcción de piedra y mármol, parecida a un mausoleo, guardaba a juicio del prelado los restos óseos de Santiago, el discípulo de Jesús, y dos de sus seguidores. Como fuese que era necesario apoyar o fundamentar el hallazgo en un fedatario de mayor rango nobiliario, el monarca astur Alfonso II El Casto (791-842), único rey cristiano de toda la Península, avaló el descubrimiento, estableciendo que se erigiese una iglesia y un monasterio con la finalidad de brindar protección al recién descubierto Santiago. Estos acontecimientos lo sitúa la Concordia en el año 813 d.C. , si bien debieron de producirse entre los años 820 a 830.

    La vinculación del hallazgo al Camino Primitivo reside en que en el año 834 Alfonso II, con sede en Oviedo, decidió desplazarse al lugar del descubrimiento, junto a un grupo de soldados, para respaldar en esta ocasión con su presencia la tesis del prelado y favorecer a la comunidad religiosa con la donación de las primeras tierras alrededor del sepulcro. Posteriormente, Alfonso III realiza el mismo viaje en el año 874 para dotar a los clérigos de una nueva iglesia más recia y de mayor tamaño. A partir de la visita del monarca, el primer peregrino real conocido, el Camino abierto entre Oviedo y Santiago de Compostela será denominado Camino Primitivo o Camino Interior.

   Con el paso del tiempo el Camino Primitivo ha tenido desigual suerte, pues mientras en la Alta Edad Media muchos peregrinos siguieron la estela del rey Casto, ya en la Baja Edad Media el Camino Francés, más cómodo y benigno por la orografía que el Primitivo, acabó convirtiéndose en el paso obligado del contingente de peregrinos europeos. Pese a la lógica competencia de esta nueva vía abierta, el Camino Primitivo ha mantenido una notable vitalidad jacobea hasta el siglo XIX, pues el peregrino, a la ida o a la vuelta de Santiago de Compostela, acudía a la ciudad ovetense atraído por el relicario depositado en la catedral de San Salvador. Algún clérigo, probablemente  celoso, inventó el refrán que dice que “quien va a Santiago y no a San Salvador, visita al criado y no al Señor”, como un recordatorio de lo que debe hacer el buen peregrino.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s