Santiago en España, Europa y América. Varios autores (I).

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      Con ocasión del año jacobeo de 1971 el Ministerio de Información y Turismo se propone publicar un  monumento literario que aborde el tema del Camino de Santiago con el doble propósito de promover los valores culturales y artísticos implícitos y propagar el culto religioso del Apóstol. Nace así a la luz un enorme libro, cuidadosamente presentado, titulado Santiago en España, Europa y América, Editora Nacional, Madrid, año de 1971, que puede considerarse otra magna publicación sobre el fenómeno jacobeo.

         Se articula el libro en cinco capítulos o artículos, escritos por prestigiosos especialistas, y un prólogo del ministro del ramo, D. Alfredo Sánchez Bella, que explica la intencionalidad de la publicación en el sentido antes comentado, si bien hay en él un sentido político de alabanza al régimen de Franco como Jefe de Estado que desde 1937 repone a Santiago como Patrón de España mediante un Decreto firmado en su cuartel general de Villa del Prado, municipio de la provincia de Madrid. Una vasta galería de fotografías nacionales y extranjeras muy interesantes e ilustrativas del arte e iconografía del apóstol Santiago complementan los textos escritos. En total el número de páginas asciende a 677, incluidas las lacónicas reseñas de las fotografías, las traducciones de los textos al francés e inglés y las páginas de agradecimiento a quienes de un modo u otro ayudaron a la elaboración del libro. Sin duda se trata de un prodigioso despliegue editorial sin restricciones económicas.

      El primer artículo, titulado Lugares santos jacobeos, lo suscribe Manuel Chamoso Lamas, nacido en Cuba en 1909 y fallecido en La Coruña en 1985. Fue un arqueólogo y escritor que, nombrado comisario en 1945 del Patrimonio Artístico Nacional de Galicia, Asturias y León, tuvo la responsabilidad de dirigir en ese mismo año las obras de retirada del coro barroco de la catedral de Santiago. Como consecuencia de aquellas excavaciones fueron descubiertos en primer lugar los restos de las pequeñas iglesias que, según la tradición, habían ordenado construir a principios del siglo IX los reyes asturianos Alfonso II el Casto y Alfonso III con ocasión del descubrimiento de la tumba del Apóstol Santiago, y en segundo término, diez años después, en 1955, apareció la lauda sepulcral-la lápida que cubre el sarcófago- del obispo Teodomiro que, también como dice la leyenda, fue el primer prelado que,  alertado por el ermitaño Pelayo, acudió al lugar en que apareció la tumba de Santiago y llamó al monarca Alfonso II para que viniera a confirmar con su presencia el hallazgo del sepulcro.

      El artículo de Chamoso, basado en los descubrimientos que él mismo dirigió, resulta un apasionado esfuerzo por relacionar los nuevos hallazgos con el enterramiento verdadero de Santiago, el discípulo de Jesús, en el espacio donde hoy se levanta la bella fábrica de la Catedral puesto que, según explica el investigador, si algunos datos de la leyenda se tornan verdaderos con los descubrimientos arqueológicos, también los relativos a la traslación y enterramiento del Apóstol deben ser veraces. Esta es, en definitiva, la conclusión principal.

      Realizó además otras excavaciones en la Plaza de Quintana con importantes descubrimientos, desarrolló una labor importante en la protección de lugares y paisajes del camino de Santiago, como  O Cebreiro, fue el principal impulsor y primer director del Museo de las peregrinaciones y de Santiago, y en fin, alentó el resurgimiento de la ruta jacobea en el siglo XX.

 

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