Las Peregrinaciones a Santiago de Compostela (III).

lacarra

                                                                                                                     Jose María Lacarra

        Existen dos cuestiones importantes en la obra reseñada que merecen ser comentadas, al menos, brevemente. Una es la admiración que despierta el uso y manejo de tanta documentación utilizada por los autores; y la otra se refiere a la necesaria alusión a la unidad formal y temática del libro, toda vez que los mismos coautores explican que debieron adaptarse a un esquema de trabajo previo que la organización del certamen estableció como principio, e incluso, que más de un lector pueda plantearse legítimamente este aspecto tan fundamental. Si es una obra compartida por tres nombres, ¿acaso queda en entredicho la necesario unidad de la misma?

        Es abrumador el acopio de documentos aportados como base empírica de trabajo, pues no hay ciencia histórica, ni ninguna otra, sin consulta a las fuentes primeras. En este sentido se aportan documentos de toda clase, la mayoría escritos en latín medieval, pues no solo era la lengua oficial de la Iglesia, sino también de las Cancillerías y Administraciones de los diferentes reinos hispanos y extranjeros. Entre este vastísimo corpus se traen a colación donaciones de nobles, reyes, obispos, y otras dignidades, a iglesias, monasterios y hospitales que atendían las necesidades de los peregrinos; autorizaciones y cartas de recomendación de reyes y prelados que servían como salvoconductos o exoneraban al peregrino de los portazgos u otras servidumbres;  testamentos de peregrinos, como el de San Juan de Ortega, especialmente interesante por la importancia social del santo; escrituras de fundaciones de hospitales, así como relación detallada de enseres, útiles y bienes muebles de los mismos; las dádivas que el limosnero de los Reyes Católicos hizo en nombre de estos a los más pobres en el viaje que realizaron a Santiago de Compostela en 1487; certificados y credenciales otorgados a los peregrinos como prueba de su paso por la ciudad del Apóstol; alguna pragmática como la de Felipe II, de 1590, prohibiendo el uso del traje del peregrino en fiestas y romerías, pues los taimados se aprovechaban de ello para robar o asesinar etc. etc.  Se hallan algunos documentos curiosos como es el caso de un Poema latino de 169 versos, que se compuso en alabanza del Hospital de Roncesvalles en torno al año 1200. Particularmente interesantes son algunos relatos de peregrinos para el conocimiento del camino en los siglos XV y XVI. También hay cabida para textos litúrgicos y canciones que los peregrinos entonaban alegres como una manera de entretenimiento o de ensalzamiento de los valores religiosos. Curiosos, por fin, resultan textos de milagros y leyendas, entre las que cobra gran relevancia el “milagro del ahorcado”, narración paneuropea, que está contado en el Llibre de les dones en lengua catalana, y en la Cantiga CLXXXV de las Cantigas de Santa María en lengua gallega.

      Por lo que respecta al apartado bibliográfico, se llegan a contar más de 430 fuentes, sin duda el elenco más completo en una obra de estas cualidades. Con esta notable aportación erudita se cubre probablemente todo el vasto campo informativo escrito hasta 1943-1944 sobre aspectos directos e indirectos del Camino de Santiago, ofreciendo pues un legado impagable e imponderable a los investigadores futuros. Además, esta bibliografía se ve complementada en el apéndice del Tomo III por una nueva aportación en la materia, a cargo del profesor de Historia Medieval, Fermín Miranda García, que cubre el período comprendido entre 1949 y 1992.

       Debe, por último, significarse que en la cola del Tomo III los autores exponen una colección de 148 Láminas, que son un verdadero cuadro plástico del Camino de Santiago de la década de los años cuarenta. Quienes han sido alguna vez peregrinos, reconocerán imágenes sorprendentes y seductoras, algunas sin apenas cambios, aunque la mayoría envueltas en un paisaje y entorno antiguos, que las hace atractivas por el paso del tiempo. Bastantes de ellas son obra de los tres insignes historiadores.

 

 

 

 

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