Puente la Reina-Estella. El Txori (el pajarillo). 6 de julio de 2016

 

 

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                                                                                                                        Puente la Reina

            Puente la Reina, no se sabe con seguridad a qué reina puede referirse, si a Dña. Mayor, esposa de Sancho III el Mayor, o a Estefanía, casada con García el de Nájera, es la localidad-tipo del Camino de Santiago, construida en torno a la Rúa Mayor, que parte de la Iglesia del Crucifijo y acaba en el precioso puente sobre las aguas del Arga, río que venimos siguiendo casi desde el nacimiento. La calle es una línea dilatada sin curvas, enlosada de piedras, flanqueada por edificios antiguos de sillería o mampostería y a los que se accede por entradas amplias cerradas en arcos de distinto tamaño. Hay cesterías, tabernas, abacerías, botillerías, y vehículos aparcados que dificultan o molestan el paso de los caminantes. Los balcones se prolongan también horizontalmente y algunos se ven adornados con flores vistosas o tiestos plantados de pequeños arbustos. A pesar de que las casas no van más allá de tres plantas de altura, el pasillo de la Rúa está notablemente ensombrecido y la luz del sol no inquieta. Parece que la calle no ha cambiado mucho desde su construcción en el siglo XII, e incluso, por la noche, irrigada por las luces naranjas de los faroles, Puente la Reina es aún más medieval. El tiempo se ha parado en la Rúa.

          Resulta cierto que estas tierras estuvieron ligadas a la Orden del Temple, pues nada más entrar en la población, viniendo de Obanos, llama la atención la portada de la Iglesia del Crucifijo, que así se llama porque en el interior se halla la talla gótica de Cristo crucificado en forma de Y, erigida por una encomienda templaria en el siglo XII. Casos similares son el de la Iglesia de Santa María de Eunate, cerca de Muruzabal, prodigio románico extendido en la soledad más misteriosa de la misma época, y el de la Iglesia del Santo Sepulcro, en Torres del Río. Los tres monumentos, así como las propiedades y haciendas que las acompañaban, dan fe de la propagación de este Orden en Navarra.  Es algo llamativo que una sociedad tan  poderosa y orgánicamente tan organizada como fue el Temple, fuese aniquilada y borrada de los mapas en el siglo XIV por las autoridades civiles y papales. La historia de esta Orden está, no obstante, por descubrir, siendo muchas las leyendas y fábulas que ha desatado.

        Algo más adelante, la Iglesia de Santiago, de impresionante portada románica, contiene una escultura de madera del Apóstol ataviado como un peregrino, conocida como Beltza, es decir, el Negro, por el color oscuro de la talla. Y aunque Santiago jamás peregrinó a Compostela, me gusta imaginarlo como peregrino que impartió enseñanzas tan cristianas como la del amor a sus semejantes. Por eso, me cuesta aceptar la otra iconografía del santo-guerrero en la que desde un caballo blanco amputa miles de cabezas a los ejércitos moros, a modo de segadora de mieses paganas. Preferible un bondadoso peregrino a un inmisericorde verdugo.

       Cuando la Rúa acaba, comienza el puente, auténtica joya de la arquitectura medieval hispana. Antes de entrar en uno de sus lomos, a la derecha, una hilada de mujeres hablan de sus cosas sin hacer el menor caso a turistas y peregrinos, unos niños corren y dos o tres ancianos se apostan en los muros para tomar el sol, protegidos por un sombrero de ala ancha. Ellos están más receptivos.

    -¡Buenas tardes¡

    – A la paz de Dios.

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                                                                                                        Puente sobre el Arga en P. la Reina

              El puente tiene dos perspectivas. Desde arriba, la estructura es de “lomo de asno”, es decir, dos vertientes o pasillos ligeramente inclinados que se encuentran en la zona intermedia, de 4 m. de anchura por 110 m de longitud. El suelo tiene el mismo adoquinado que la calle y los pretiles, que se apoyan en pequeños cantos o refuerzos del muro, son de piedra sillar.Tuvo tres torres defensivas, utilizadas además como pontazgos, dos en los extremos y una en el centro, que fueron retiradas cuando dejaron de ser útiles. Justo en la torre central, se abría una hornacina que sirvió como pedestal a la Virgen del Puy. Acerca de este virgen creció la leyenda del Txori, que significa pajarillo. Cuenta que los puentesinos observaron, entre 1823 a 1843, cómo un pájaro pequeño se acercaba anualmente a la talla de la Virgen para quitarle con sus alas las telarañas que se habían formado, y limpiarle la cara con el agua que, cogida en el río, traía depositada en el pico. Cuando este suceso ocurría el pueblo se acostumbró a celebrarlo, repicando las campanas de las iglesias y celebrando festejos en su honor, pues consideraba que se trataba de algo milagroso. Tuvo consecuencias la leyenda e interpreta el pueblo que el Brigada Manuel de Villena, liberal guarnicionado en Puente la Reina, fue derrotado por Zumalacárregui el 19 de agosto de 1834  porque dijo que el suceso del Txori era una burda patraña. Sea como fuere, con o sin milagro, la Virgen del Puy puede verse en la cercana Iglesia de San Pedro.

         Desde la callejuela que pasa por delante de esta iglesia, se sale a un espacio abierto, que permite contemplar el puente frontalmente. Se aprecia mejor la magnificencia de esta obra formada de siete arcos, varios arquillos que actúan como respiraderos  cuando el río aumenta el caudal, y recios tajamares que suavizan el impacto de las aguas. El espacio se hace plaza, y la plaza lleva el nombre de Begoña García Arandigoyen. Alba, como fue rebautizada por sus compañeros, nace en este pueblo en 1966. Cursa Medicina en la Universidad de Pamplona, pero habiendo podido llevar una vida acomodada, decide trasladarse en 1989 a Nicaragua para trabajar con los más pobres. Un año después ejerce su profesión en un hospital de campaña del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional de El Salvador, cuidando de los soldados heridos en la retaguardia. Allí es capturada por el Ejército Nacional, torturada salvajemente y, aun estando embarazada de siete meses, es asesinada de tres disparos. En el año 2012 es nombrada Hija Predilecta de la Villa, acto que honra a Puente  la Reina. Su memoria quedará en el pueblo.

           Con la primera hora, las fuerzas retornan intactas para iniciar la jornada. Por última vez, veo el puente desde la carretera que cruza paralela el río, y tengo la impresión de que las madrugadas le sientan bien. El sol repunta por el este y deja los campos dulcemente iluminados, aun desperezándose con los tempranos gorjeos de los pájaros. El sendero se ensancha en medio de la planicie y las zonas arboladas se alternan con los cultivos de secano, preferentemente trigo, y entre brisas suaves y pensamientos dispersos, se llega rápido a Mañeru. La población es un caserío recogido y sobrio, formado por caserones recios y blasonados, vetustos portones y puertas tachonadas con herrajes. Como todos los pueblos navarros, la iglesia parroquial de San Pedro es el epicentro de este núcleo rural.

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                                              Cirauqui

 

         El ascenso es continuo pero suave. Al franquear la curva, el valle, alineado entre alcores, dibuja porciones de trigo cortado y pedazos labrantíos con cepas, que esperan la llegada del otoño para cosechar las uvas. Al fondo, recortándose sobre las altas sierras, se agrupa en semicírculo la aldea de Cirauqui, situada sobre una hermosa colina. La  iglesia de San Román y los muros de varios palacios condecoran la zona alta del pueblo, mientras que el resto de las casas se desperdigan en hileras ocupando la falda del promontorio. El camino es una arteria serpenteante que se prolonga hasta el corazón de Cirauqui. No puede pasar inadvertido que a la salida de este lugar el peregrino camina sobre una calzada romana, que en otro tiempo unía Burdeos con Astorga, pasando por Pamplona y León, y que fue una de las vías de romanización más importantes de la Península Ibérica. Observo que algunas partes están mal conservadas, piedras sueltas y espacios ocupados por arenilla o tierra, pero otras presentan un estado de conservación adecuado, pudiendo distinguirse los bordillos y centros de la calzada. Un puentecillo, que cruza un arroyo, completa la obra romana en este paraje singular.

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                              Calzada romana de Cirauqui

 

              El panorama se hace más agreste a medida transcurre la mañana y el sol calcina las piedras. Se cruza el puente sobre el río Salado, del que dijo Aymeric Picaud que sus aguas eran letales, y más adelante se toma una rampa prolongada que conduce a Lorca. Parece que aquí residió un tiempo el célebre clérigo galo, de cuyo pueblo no guardó buen recuerdo por no se sabe qué historias, y esto podría explicar lo que comenta de la insalubridad del río Salado. Lorca tiene una calle Mayor que aprovechan los peregrinos para acogerse a las sombras de las casas o sentarse sosegadamente en los poyos de los muros. En esta hora mediana, se observan los vuelos rápidos de las golondrinas, que entran y salen cien veces de los nidos que penden de los aleros. Todas se cruzan en el cielo azul, y su abundancia quiere decir que el aire de Lorca está impoluto.

            Como el cansancio pasa factura y es evidente el deseo de llegar a meta, el último tramo de la etapa se hace más largo y pesado. Se cruza el puente románico de Villatuerta y una leve subida nos sitúa en la loma del pueblo, donde la fuente de la Iglesia de la Asunción invita a refrescarse. Junto a ella una cartela dice que en este lugar nació un tal San Veremundo que fue abad del monasterio de Irache y que se nos invita a beber del agua que mana. Un grupo de mujeres madrileñas, muy simpáticas y parlanchinas, que se hacen llamar “las sufridoras”, imprimen ánimos para finalizar la jornada cada vez más cálida y sofocante. Tras culebrear entre huertas y una fábrica de orujo, y dejar el río Ega a la derecha, el peregrino pisa la calle Mayor de Estella con ganas de saquear alguna despensa y reconfortarse en un lecho blando.

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                                                                                                  Borriquillo en las inmediaciones de Estella

 

 

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