“El pulpo me espera “. (Palas de Rei-Arzúa. 26 de julio)

  Bosque en las inmendiaciones de Palas de Rei

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        Palas de Rei es una villa blanca y limpia que cae en ligera pendiente, atravesada por una carretera zigzagueante, y con una traza de calles perpendiculares que se llenan de turistas. Decido seguir las flechas indicativas amarillas para no tener dudas sobre qué camino debo seguir en la madrugada del día siguiente. Hay un amplio espacio techado, como un gran kiosco, ocupado por algunos niños y padres y, muy cerca, un joven peregrino permanece leyendo un libro en la escalinata del ayuntamiento, cuyo título espío con disimulo para que no se dé cuenta, “El lobo estepario” de Hermann Hesse. Es un libro didáctico, que leí en mi juventud y del que recuerdo a modo de síntesis una moraleja final, que el hombre debe vivir las pequeñas cosas con intensidad, si desea aprovechar la vida. No puedo sacar unas fotografías a la portada románica de la Iglesia de S. Tirso porque hay unos andamios colocados delante que lo impiden. No obstante, el paseo en su entorno resulta agradable cuando ya el sol se retira a la hora crepuscular.

        Cenamos juntos los tres. Paco es un psicólogo que tuvo que ganarse la vida a pulso en el extranjero. Y las cosas salieron mejor que peor porque, apoyado inicialmente en otras tareas, pronto recondujo su actividad hacia la Psicología. Le acompaña su hijo, Joaquín, un adolescente de catorce años, atento y con ganas de aprender. Comenta:

-Me atrae el tema de las depresiones por ser un ámbito en que el ser humano sufre muchísimo. Por esto, trabajé desde el inicio este asunto y en la actualidad me he hecho especialista en un campo denominado “mindfulness” ¿Sabes qué es?

Ni idea.

Lo utilizan no solo psicólogos en sus consultas con un alto nivel de eficacia en personas depresivas profundas, y en otros casos vitales, sino médicos en los hospitales. Ahora trabajo cooperativamente con un hospital de Lovaina en este tema. Y los resultados son muy buenos, quiero decir, las personas se curan en un alto porcentaje. Me dedico con exclusividad a esto, asisto a Congresos, dirijo másters, me llaman a conferencias, mantengo mi propia consulta, en fin demasiado trabajo, pero muy satisfactorio. Consiste en…

-Me gusta que las personas trabajen en esa dirección, ayudar a los demás a ser más felices o a sufrir menos. Replico.

        Antes de que amanezca el peregrino ya está en el camino porque esta jornada es la más larga. Las piernas cada día responden mejor y así, entre las primeras luces del alba, se tropieza con un hórreo y el ábside de la Iglesia románica de finales del siglo XII de San Xulián do Camiño, adjunta al cementerio de la aldea. Tiene el ábside semicircular un vano de dos arcos de medio punto, recoleto y atractivo; pero es singular la lápida incrustada en unos sillares de la fachada principal, que no había visto nunca en ningún sitio.

   Iglesia de Sta. María y Cabazo de Leboreiro

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         El camino pasa entre bosques envolventes hasta llegar a Casanova y Campanilla, que separa las provincias de Lugo y A Coruña. Nombre que evoca las reatas de vacas que llevaban colgantes campanillas que tintineaban para no perderse en las espesuras o en las brañas. No lejos de estas hermosas campiñas está Leboreiro, que según la etimología del topónimo, quiere decir “lugar de muchas liebres”. Pero a falta de estos corredores leporinos, la vieja aldea tiene otros encantos. Frente por frente figuran la Iglesia de Sta. María y el Cabazo, como dos testigos mudos del trabajo agrícola y el recogimiento en la oración, que han practicado secularmente las gentes de este país norteño. La iglesia es una nave rectangular con ábside, rodeada de un muro de piedra, singularizada sobre todo por el detalle de la escultura bien conservada de la Virgen en el tímpano de la portada. Esta Virgen guarda un milagro, según cuenta la tradición. Se dice que durante muchos días y muchas noches se desprendían aromas fragantes y luces visibles a muchas leguas junto a una fuente. Alertados los vecinos de estos prodigios, cavaron en el suelo y se halló una estatua de Sta. María. Fue trasladada muchas veces a la iglesia, pero tornaba a su sitio, junto a la fuente, durante las noches hasta que el cantero esculpió su retrato en la portada. Desde entonces ésta fue su eterna morada. El Cabazo es un cestón hecho con varas de sauce que se cierra con una tapadera de paja o brezo de estructura cónica. Se levanta del suelo por una columna cuadrada de piedra y servía para preservar de la humedad o del ataque de ratones y culebras los granos de maíz u otros frutos. Cumplen la misma función que sus hermanos los hórreos, pero la morfología cambia.

                  Puente medieval de Furelos

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      Atravieso primero un puente medieval de un solo ojo a la salida de Leboreiro con el río casi seco, y más adelante, paso otro más grande que me introduce en el caserío de Furelos, atrio de Melide. Este data del siglo XII y es una fábrica de sillar de granito de espléndida factura, dotado de cuatro ojos y tajamares triangulares, que cruza el río homónimo. Un angosto camino atraviesa el pueblo y dejo a la izquierda el museo etnográfico provisto de herramientas antiguas y otros trebejos.

-¡Coman el mejor pulpo de Galicia! ¿Quiere probar el pulpo, caballero?

Claro, no tengo otra cosa que hacer y, aunque tuviese otras faenas, lo primero es lo primero.

    Estoy en la pulpería más afamada de Galicia, Melide, a poca distancia de Furelos. La noche anterior la mujer que nos atendió en la cena, nos aconsejaba probar el pulpo de Melide porque la calidad y la elaboración del gran calamar no tenían comparación. La taberna era enorme con bancos y mesas dispuestos a lo largo y ancho y, donde iban sentándose en orden foráneos y autóctonos que gustaban demorar allí horas en torno a la pulpada.

-Una ración sin sal y un pocillo de vino blanco, por favor, o dos, que por suerte no conduzco.

  También comentó que la villa merecía un día de descanso por su interés y monumentalidad. Pero, no es posible en esta ocasión. Está ataviada con las mejores galas pues es domingo, fin de mes, y se organiza una feria de nombradía regional. Puestos, buhoneros, mercachifles, tenderetes de productos hortelanos, frutas, vestidos y telares, llenan por doquier las calles y plazas céntricas de Melide, inundadas de gentes que pasean o compran o venden. Un amable paisano me comenta, viendo probablemente mi aliño indumentario, que también hay mercancía de ganado en otro recinto de la villa.

Gracias, ya quisiera ya, con lo que me gusta el reino animal.

   Lo cierto es que de pequeño asistí alguna vez con mi padre a las ferias ganaderas de Pola de Siero, en Asturias, y me fascinaba cómo los tratantes compraban y vendían, estrechándose mil veces las manos apretadas. Luego se llevaban un fardo de dinero arrugado al bolsillo del pantalón, que estaba a reventar.

    Pero Melide es un enclave muy importante del Camino de Santiago porque aquí convergen el Camino Primitivo y el Francés para continuar los peregrinos ya reunificados hasta Compostela. Concretamente, el punto exacto de esta confluencia ha sido y sigue siéndolo la Plaza del Ayuntamiento, ocupada por nobles edificios como el antiguo Hospital de Peregrinos, transformado en Museo da Terra de Melide, el Convento del Espíritu Santo, la Capilla de S. Antonio y el propio Edificio edilicio.

     Salgo de esta singular localidad gallega y, tras abandonar los arcenes de la carretera, se toma la desviación que debe conducirme hasta el destino. Dos hitos importantes, la iglesia de Santa María de Melide y la parroquia de Castañeda. La primera, situada en las inmediaciones de la villa ferial, es un bello edificio de finales del siglo XII, que contiene el altar románico original, una reja del mismo estilo única en toda Galicia y unas pinturas murales góticas inusuales. Un joven entusiasta de esta iglesia la explica con devoción a cambio, naturalmente, de un sufragio para las almas del purgatorio. Tras la subida de un duro recuesto aparece Castañeda, que es famosa porque existía la tradición medieval de recoger piedras calizas en Triacastella y dejarlas en los hornos de este lugar para la construcción de la Catedral de Santiago. Se trataba de un mérito más para obtener las indulgencias.

        Río Iso bajo el puente románico

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              Por fin, se toma la ribera del río Iso, ya en compañía de Paco y Joaquín, que me han cogido en el repecho, y nos encaminamos hacia el lugar que hemos decidido tomar como fin de etapa, dos km. antes de Arzúa, para darnos el merecido descanso de una larga jornada. Y lo cierto es que ha merecido la pena. Duermo en el lecho de un valle, al abrigo de un manso río que se desliza bajo un pulcro puente románico, alomado, convencido de que hoy ha sido un día grande.

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