“Un triste infortunio” (Foncebadón-Ponferrada. 4 de agosto de 2014).

       Ha sucedido una contingencia inesperada: mi hija tiene ligeras molestias en la rótula. El temor es que la jornada presenta un descenso de mil metros en el transcurso de dieciocho kilómetros, y la pista por la que se discurre, a lo que parece, tiene guijos abundantes, canchos sueltos y piedras fijas de gran tamaño que dificultan un paso regular. Es un dicho cierto que las bajadas pueden provocar más daño que las subidas.

     Aún la noche permanece anclada en las inmediaciones de Foncebadón, desde donde debe ascenderse unos metros más para llegar a la Cruz de Hierro, el punto más alto del camino de Santiago. Justo en ese momento el sol irrumpe en lontananza por detrás de las ramas de los pinos y deja fugazmente ciegos los ojos del peregrino si osan mirarlo de frente. Es la quiebra del alba, cuando la vida de la naturaleza se despereza para empezar un nuevo día, es el parto de la luz que con sus delicados rayos va iluminando las sierras poco a poco.

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                                                    Amanecer junto a la Cruz do Ferro

     – ¡Cuidado aquí! ¡Pisa la parte limpia! ¡Despacio!¡Fréna lo que puedas¡

   Da lo mismo. El camino hay que andarlo como sea, y los pies, las rodillas, las corvas, los corvejones, y el rosario de la aurora, van siendo machacados por las piedras como ajos macera el badajo en el mortero. Como huida de lo inmediato y con el fin de que el pensamiento se relaje cavilando en otra cosa, aprovecho la ocasión que se me brinda:

   – Papá, ¿te acuerdas del hippy que vivía en “la casa de los dioses”? ¿el bohemio del tenderete que encontramos al lado del camino? Bueno, pues estoy segura de que es feliz.

     – ¿Y eso?

   – Por una sencilla razón. Él ha elegido esa forma de vivir al margen de nuestros convencionalismos y se basta con una manta, una mesa para vender las uvas y poco más. Vive solo como él desea.

     – Ya, pero a eso lo llamo una felicidad “endógena”, o sea, en mi humilde opinión no es verdadera felicidad. El zapatero hace zapatos para alguien, el profesor enseña a los alumnos, el abogado defiende a los clientes, el barrendero limpia las calles para otros, el misionero ayuda a los necesitados, quiero decir, la felicidad depende en gran medida de la proyección social de nuestras actividades. No entiendo la felicidad como la derivación de un acto solitario.

      -Pero es tu opinión que a él no le vale porque es feliz como quiere vivir. No hay reglas sobre la felicidad. Cada cual encuentra o no la suya.

   Descenso hacia el Acebo

     P1100559De palabra en palabra, piedra en piedra, se abandona la comarca maragata y se entra en la del Bierzo. Especialmente bella es la bajada entre Manjarín y el Acebo, a la izquierda se suceden unas sobre otras sierras que forman blandas olas superpuestas, las más cercanas nos sorprenden con vacas que pastan mansas la jugosa hierba reverdecida por las gotas del rocío, las del fondo muestran macizos oscuros de arbolado que a estas horas de la mañana empiezan a iluminarse con suaves destellos de luz. Sobre las cumbres hay dedales de plata que se extienden horizontalmente, formando largas líneas blancas, grises.

      El descenso hasta Riego de Ambrós es penoso porque el camino se pone muy vertical y pedregoso. Es una bajada continua desde donde se otean a los lejos dos penachos de humo blanco que arroja una central térmica y la ciudad de Ponferrada en medio de un sucio celofán contaminado. No se descansa hasta abocar a la bella localidad de Molinaseca. Es común a estos pueblos la presencia de una calle mayor o central oblonga en torno a la que se despliega un caserío en perfecta hilera que observa el paso de los peregrinos y pequeñas calles transversales que vienen a dar a la principal. Y se admira además la tipología de las casas, cuyos elementos más reseñables son la portezuela doble y el balcón corrido de madera que se descuelga por encima de la planta baja. Las piedras de sillarejo bien dispuestas y los tejados a dos aguas de pizarra forman el resto de la casa rural del Bierzo. A la entrada de Molinaseca una piscina fluvial de aguas limpias, bajo el puente románico, invita al baño o al reposo junto al prado de la ribera, lo que aprovechan algunos peregrinos para paliar el molimiento que arrastran.

                                                     Casa balconada de El BierzoP1100584

   – La rodilla me duele mucho. Mira qué mal aspecto tiene.

       Los siete últimos kilómetros a Ponferrada se hacen eternos e inacabables. Son llanos pero, cuando se padece una lesión, se convierten en un verdadero martirio. Observo por delante que una niña va apoyada en dos compañeros y que una mujer joven camina apoyada en el hombro de otro. Paloma ha decidido agarrarse de mi brazo para no apoyar del todo el pie sobre el suelo. Así entramos en la ciudad de Ponferrada a eso de las 15,00 horas. Daniel es un amigo suyo de Facultad, que vive en Ponferrada, y que en varias ocasiones la invitó a su casa para enseñarle la colección de plantas que posee en un huerto aledaño. La familia nos recibió entrañablemente y decidimos que debería quedarse hasta mi vuelta. Así obramos pero con la tristeza de separarnos, como a D. Quijote le sucedió cuando Sancho salió para ser gobernador de la ínsula Barataria.

   -¡Hasta pronto, compañera!

 

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2 pensamientos en ““Un triste infortunio” (Foncebadón-Ponferrada. 4 de agosto de 2014).

    • Ha sido una vez más una experiencia maravillosa. Me quedo siempre con ganas de más,sobretodo este año pues ya le he cogido el punto al Camino de Santiago ( lo que debo llevar, cómo caminar, cuándo descansar, las visitas de las tardes..).Me quedan solo 110 Km.para llegar. Así que el año que viene lo haré. Luego comenzaré desde Roncesvalles para ir hasta Burgos y así hacer todo el Camino. Pero nos lo hemos pasado muy bien.
      Una de las sensaciones nuevas que he tenido es que andar es un hecho único para los sentidos y que podríamos recorrer grandes distancias andando sin necesidad de coches. Es como volver a creer en el hombre y sus posibilidades.¡ Qué bonito es deambular, andar sobre dos pies!
      Una vez más,muchísimas gracias, asturiano de Gijón.

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