Un Camino épico: La Canción de Roldán.

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         En el año 778 sucedió en Roncesvalles un suceso que habría de resultar decisivo en el nacimiento de la poesía épica europea. Fue una celada la que tendió un grupo de vascones a la retaguardia del ejército de Carlomagno, que volvía de Zaragoza y Pamplona, a la que había saqueado, y regresaba a su reinado en Francia. Roldán era un caballero oficial al servicio del Emperador situado en la retaguardia sorprendida. Como era inferior en número y sin apenas espacio para mover a sus subordinados, murió en combate. Tales fueron sucintamente los hechos. Trescientos años después, a finales del siglo XI, pudo escribirse el primer texto épico que narró fabulosamente, con afán noticiero y político, aquel relato histórico. Pues en efecto Carlomagno había conquistado España a los enemigos musulmanes, a falta de Zaragoza, con la que trató una esquiva tregua. Los vascones se cambiaron en 400.000 sarracenos, guiados por Marsilio, que combatieron contra un puñado de soldados galos. Y Ganelón es el traidor envidioso de Roldán que pactó con felonía la letal emboscada. Luego Carlomagno persiguió a la morisca y le dio alcance y muerte a orillas del Ebro. También cayó descuartizado Ganelón. Nació así la leyenda de la Canción de Roldán o Chanson de Roland.

          Se trata del primer poema épico europeo, escrito en francés antiguo, formado por más de 4000 versos asonantes que se agrupan en tiradas de desigual número de versos. El autor es anónimo, aunque algunos atribuyen la autoría a quien bien pudo ser el copista, Turoldo. Aunque se piensa que ya estaba escrito en el último cuarto del siglo XI, el primer manuscrito hallado data de 1170, conocido como el de Oxford. La influencia fue enorme en la literatura germánica, donde se escribe hacia 1200 el poema Los Nibelungos, y especialmente en España, cuna del Cantar de Mío Cid, de mediados del siglo XII o como mucho tardar el inicio del s. XIII. Además la influencia se manifiesta en el texto perdido Cantar de Roncesvalles y en los temas carolingios del Romancero viejo.

   Resaltan como rasgos peculiares de este género épico, comunes a los cantares mencionados, la fantasía descriptiva de hazañas y lugares (Zaragoza no está en una montaña), la emoción poética que busca el autor para despertar en el oyente o lector la vinculación y el gusto por el poema (Roldán desgaja una roca con la espada), y el retrato grandioso y exagerado de los personajes o héroes adornados con excelsas cualidades para ejemplo de las naciones (Roldán es el héroe temerario. Turpin, un clérigo que mata moros etc.).

         Pero, con todo, la cuestión que más importa en el contexto presente, a forma de apéndice que debe enlazar con el capítulo siguiente, es la rápida y fácil difusión del cantar de gesta francés por las tierras españolas, especialmente por las más próximas al Camino de Santiago. Probablemente fueron primero cantares recitados oralmente a lo largo  del camino por los peregrinos que, trasegantes desde Roncesvalles, ya conocían las hazañas de Roldán y Carlomagno. Tiempo posterior aquellos cantares dispersos e irregulares se recogieron por algún autor culto en un extenso poema para darle una homogeneidad necesaria, con el propósito de conservarlos y ayudar a  crear  las nuevas naciones europeas. Una vez más el Camino de Santiago se convierte en el Camino de la Cultura, transmisor de la más antigua creación épica de Europa.

                    

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