Puentes del Camino (y II).

           Puente Fitero (Burgos)

                        0212510001350326754[1]                                                                  Burgos acaba los 114 km. del Camino de Santiago en el Puente Fitero, sobre aguas del Pisuerga. Traspasado éste aparece la primera población palentina de Itero de la Vega. Es, pues, nexo de unión entre las dos provincias castellanas, lo que hace aún más evidente uno de los valores simbólicos de esta construcción civil, el de sintetizar las partes opuestas vinculándolas armoniosamente en un todo continuado. Fue mandado construir por el rey Alfonso VI  a finales del siglo XI o principios del XII sobre todo para favorecer el paso de los romeros jacobeos. Resulta ya citado por Aymeric Picaud en el Códice Calixtino. Es un largo puente que conserva once arcos de medio punto y apuntados, fabricados con perfecta sillería y rematados en las bases por tajamares triangulares y cuadrangulares y perfil de lomo de asno.  Curiosamente antes de iniciar el paso del puente, se halla la Ermita de San Nicolás que en la actualidad es un albergue-hospital atendido por voluntarios de la Congregación de San Jacobo de Perugia.

      Puente de Hospital de Órbigo (León)

                                                             0139PuenteHospitalOrbigo[1]                     En tierras leonesas, a caballo entre las localidades de Puente y Hospital de Órbigo, aparece la obra más larga del Camino de veinte arcadas, conocida como Puente del Paso Honroso. Pero la longitud del puente no parece corresponderse con el caudal del río Órbigo que lo cruza casi como un hilo de plata imperceptible. Construido en piedra y reforzado por sólidos contrafuertes, la fábrica data del siglo XIII. La denominación le viene de un suceso ciertamente increible pero documentado en el que el caballero leonés, D. Suero de Quiñones, reta a todos los paladines que se atrevan a pasar el  puente durante un mes del verano de 1434 con la finalidad de vencerles en justa lid. La razón era que, preso de amor, solo conseguiría liberarse de esa pena venciendo a tan nobles caballeros. Tal era la moda literaria de la época, el amor cortés, que Cervantes lo habría de criticar en su excelsa obra y que en esta ocasión se ha vuelto tan real como la vida misma. Es un claro ejemplo, no el único, en que Literatura y realidad se entreveran como buenos amantes.

       Puente de Furelos (La Coruña) 

IMGP5925_Puente_de_Furelos[1]              A tan solo 55 km. de Santiago se mantiene hermoso y adusto como un venerable anciano el Puente de  Furelos, que cubre el río del mismo nombre, cerca de la aldea coruñesa de Melide. Ya se sabe de su presencia en el siglo XII. Consta de cuatro arcos desiguales de medio punto,con hiladas de sillares en la parte inferior de los muros y sillarejo en los paramentos centrales y superiores. Como todos los de su época la calzada arranca en pendiente hasta buscar la caída a la altura media, formando ese diseño medieval tan característico llamado lomo de asno. Resulta un puente largo de 50 m. Las hojas liadas a las ramas se agarran a las piedras que lo forman y se resisten a abandonar al viejo propietario que las tolera con gusto. Es como si al anciano le hubiesen salido barbas al fin.

    Otros muchos puentes adornan el Camino de Santiago, incluso más hermosos o recios o seculares. El recorrido de unos pocos sirva de homenaje y recuerdo de todos.

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