Monasterios del Camino (III).

 Monasterio de S. Juan de Ortega (Burgos)   400px-Monastère_San_Juan_Ortega[1]

        Uno de los tramos más peligrosos por los que debía pasar el peregrino eran los temidos Montes de Oca, ya en tierras burgalesas. Allí se emboscaban malhechores y pillos de toda clase que no dudaban en asesinar, si fuera preciso, al inocente caminante perdido o rezagado de la comunidad con la que viajaba. Para paliar este difícil escollo Juan de Velázquez, posteriormente San Juan de Ortega, del que se rendirá cumplida cuenta, construye el Monasterio homónimo de San Juan de Ortega en la segunda mitad del siglo XII. Consta de una iglesia, refugio de peregrinos con un pequeño claustro y monasterio con claustro mayor. Estuvo habitado por monjes de la orden de San Agustín y posteriormente por monjes Jerónimos hasta que la desamortización de Mendizábal en 1836 dejó vacío el convento sin solución de continuidad. Llaman especialmente la atención el exterior románico de los tres ábsides semicirculares de la cabecera de la iglesia, y en su interior el triple capitel ya recordado en que se produce el denominado Milagro de la luz. Es asimismo relevante el mausoleo donde descansan las reliquias del santo patrocinador del cenobio. Actualmente se trabaja en la reconstrucción de amplias zonas muy deterioradas por la incuria, tales como las cubiertas y techumbres, los paramentos exteriores de piedra y la arquería del ala norte del claustro. En muy estrecha consonancia con las intenciones filantrópicas y caritativas de San Juan de Ortega, los planes vigentes de la restauración contemplan la realización en la segunda planta de un Centro Asistencial para enfermos terminales de doce habitaciones. Sin duda, una excelente noticia.

     Monasterio de S. Antón (Palencia)

    800px-Ruinas_del_convento_de_San_Antón._Castrojeriz[1] Se llega pendiente abajo, después de abandonar el pueblo de Hontanas, a las ruinas románticas del vetusto Convento de San Antón, muy cerca de Castrojeriz, villa de Palencia. Fue fundado por el monarca castellano Alfonso VII en el año 1146 y se entregó la ocupación a la orden de San Antón, más conocidos como antonianos. Desapareció en 1789 y el Convento fue cerrado en 1791 por el ilustrado Carlos III. Tras la desamortización fue comprado privativamente, pero en el año 2002 el propietario arrienda su explotación a la Fundación Eliécer Díez Termiño-San Antón que se ha encargado durante todo este tiempo de reflotar los restos del monasterio mediante extraordinarios esfuerzos económicos y físicos. Constaba el cenobio de una iglesia gótica de tres naves y dos portadas de acceso. En la puerta sur hay un espléndido ventanal que da luz a la nave central y a los pies de ésta figuran la espadaña y el célebre rosetón, rematada por una cabecera dotada de ábside poligonal. Con todo, el apunte más significativo fue la dedicación de los frailes al cuidado y tratamiento de los peregrinos que habían contraído la llamada fiebre de San Antón o fuego de San Antón, o ergotismo. Se adquiría esta enfermedad por la presencia de un hongo  en el pan de centeno y derivados y resultó muy extendida por el norte de Europa en la Edad Media. Provocaba la pérdida de las extremidades por gangrena e incluso la muerte súbita. Parece que la curación la buscaron aquellos frailes en la ingesta de pan de candeal.

     Ora et labora.

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