La escultura de las iglesias.

        La escultura cumple un papel didáctico en el arte románico como la pintura. Se trata de una excelente herramienta empleada para la transmisión de los contenidos de la fe cristiana. Y así es que los presbíteros lo tenían fácil para ilustrar sus explicaciones pues los ejemplos a sus dogmas venían dibujados en las pinturas murales y en las historiadas esculturas que ocupaban todos los espacios de la iglesia. Puede decirse que las esculturas son verdaderas Biblias labradas en piedra.

                                           Eva[1]

                                                            Eva de la Iglesia de Autun

       Hay un principio fundamental que afecta por igual a ambas artes, y es que la técnica de esculpir imágenes no debe imitar la naturaleza ni la realidad, sino que es el resultado de abstraer aquellas para conseguir figuras de valor simbólico o religioso. No es pues tan importante la imagen como el trasfondo que desea traslucir. Este principio se junta además con otros dos de carácter técnico, a saber, el escultor debe adaptar las figuras cinceladas al marco arquitectónico del que dispone, columna, capitel o pórtico, (ley denominada, del Marco), y las figuras deben tener una lógica matemática en el sentido que guarden simetría o bien aparenten círculos, cuadrados u otras formas geométricas (ley del Esquema Geométrico). El resultado de la aplicación de tales fundamentos es el que las tallas se distinguen por su rigidez y ausencia de movimiento, lo que se conoce como hieratismo.

       En lo relativo a los temas son todos religiosos, aunque hay estrechos resquicios por donde se cuelan asuntos más profanos como son fiestas populares, luchas civiles o pasajes eróticos simulando curiosas posiciones amatorias. En este sentido no es extraño hallar capiteles de hombres y mujeres ensartados amatoriamente u otros pasajes íntimos pues los sentimientos más adánicos del hombre brotan, aunque esporádicamente, en las artes. Por lo demás, en el comienzo del Románico prevalecen escenas del Antiguo Testamento (la creación del hombre y el pecado original, la agonía del Apocalipsis etc.), de entre las que adquiere especial relevancia la composición del Pantocrator y Tetramorfos, como ocurre con la pintura. Posteriormente, cobran más presencia los relatos del Nuevo (la Anunciación, la Epifanía etc.). Por su valor metafórico es importante el uso de bestiarios o animales fantásticos. Sirvan como ejemplo que las aves simbolizan las almas que se despegan del suelo para ascender al cielo, el león representa la fuerza del creyente, el águila la nobleza o la serpiente encarna la peor cara del pecado, la liebre la lujuria por su facilidad para reproducirse y el macho cabrío es el mismísimo diablo provisto de una lacerante cornamenta y rabo.

     Se trata en todos los casos de esculturas adosadas a la piedra de las iglesias y claustros, en contraposición a las esculturas exentas que son las que el artista moldea para configurar tallas de tres dimensiones que no van unidas a ninguna pared o soporte. Destacan los Maiestas Domini y las de La Virgen con el niño.

      Acerca de la importancia de las portadas de las iglesias románicas, verdaderos libros religiosos en piedra, se tratará en un apartado especial, a propósito de la Catedral, cuando este peregrino alcance algún día no lejano los pagos llovidos de Santiago de Compostela. Si nada lo impide.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s