Peregrinos cronistas (IV).

                   D. Elías Valiña

IMG_7464[1]      Cuando el camino estaba anegado de zarzas y jarales, entre el silencio y las sombras de la memoria, aparece la figura del gran peregrino que fue Elías Valiña Sampedro (1929-1989). Acerca de él hemos pergeñado ya algunos rasgos, por lo que debemos trazar nuevas pinceladas para avanzar en su conocimiento. Recogemos dos ideas y un hecho.

     Primera, si Aymric Picaud escribió la guía medieval más temprana del Camino de Santiago, difundida y consultada por quienes decidieron realizar la ruta jacobea a lo largo de los siglos, puede afirmarse sin temor a errar que Elías Valiña redactó la primera guía moderna del siglo XX, década de los ochenta, El Camino de Santiago. Guía del peregrino, que sirve para alumbrar con espléndida luz a los caminantes y, simultáneamente, propagar las cualidades, patrimoniales y culturales del camino. Pero hay un nexo de unión entre ambas y es que el párroco de O Cebreiro incorpora como trabazón principal los contenidos hallados en el Códice Calixtino. Es una guía en la que coparticipan otros colaboradores, aunque es Valiña el principal autor. Tras una breve introducción en la que se plantean cuestiones generales de la peregrinación jacobea, sigue paso a paso el Camino en cada una de las regiones y provincias españolas hasta acabar el viaje en Santiago de Compostela, donde se dice: Nuestro esfuerzo, nuestra misión, ha concluido: ¡Conducirte a la Casa del Apóstol! Pero entre el principio y el fin se asiste a una amplísima eclosión de datos: toda la toponimia por donde transcurre, monumentos e iglesias, gastronomía y hospedaje, curiosidades, milagros, leyendas, un mosaico en fin de información variada y pintoresca de gran utilidad. Se añaden además como parte complementaria setenta y tres mapas que conforman una valiosa cartografía. La confección debió sustentarse sin duda en un perfecto conocimiento que el párroco tenía del Camino que nunca se cansó de recorrer.

   La segunda idea se refiere a la doble tarea de propagar por un lado las virtudes del camino en toda Europa, aprovechando conferencias en universidades y otros foros, encuentros de estudiosos y curiosos de este fenómeno y congresos de peregrinos; y por otro impulsar asociaciones en todas las provincias con el objeto de velar por la limpieza, reconstrucción y cultura del camino. Él es en cierto modo el padre del asociacionismo jacobeo.

    Por último, debe apuntarse que Valiña redactó entre julio de 1985 y agosto de 1987, dos años antes de su fallecimiento, valiosos boletines dedicados a aspectos diferentes y curiosos del Camino. Lo hacía con máquina de escribir. Este es un hecho que pone de manifiesto la entrega de un ser humano hacia algo que él considera sobre todo noble y digno. Encuentro las palabras de un peregrino anónimo que dice: lo conocí. Era un hombre enjuto, más bien menudo, mirada afilada que denotaba decisión, muy respetuoso de los motivos interiores por los que cada cual hacía la peregrinación. ¡Qué más puede decirse de un humilde cura al que la muerte le sorprende trabajando en su amor más querido!

   Buen camino, D. Elías.

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