Apogeo del Camino.

     Propagada al orbe cristiano la noticia del descubrimiento de la tumba del apóstol en el año 813 d.C., el Camino de Santiago se convirtió en la vía natural más transitada del Occidente europeo, junto a Roma y Jerusalén. Durante los cincos siglos siguientes el Camino acrecentó el número de peregrinos, y por lo tanto, su fama y buen nombre llegó hasta los últimos confines de Occidente e incluso de Oriente. Fueron, sin embargo, los siglos XI y XII los más celebres. Dícese en los documentos de la época que los tropeles de peregrinos se empujaban y apelotonaban dando a veces lugar a conflictos y que los alojamientos, aún escasos, no podían atender las necesidades de todos. Así que unos descansaban bajo techo y otros, posiblemente los más, lo hacían bajo la bóveda celeste mirando cómo titilaban las estrellas. Bien en el estío, mal cuando soplaban las gélidas ráfagas de viento en el invierno.

      Los factores que influyeron en esta bonanza son varios: por un lado, la irreductible fe religiosa de la Edad Media condujo a muchos peregrinos a ir a Compostela, donde se daba por hecho cierto que Santiago el Mayor estaba enterrado junto a dos de sus discípulos. Unidad, pues, de fe. Un segundo elemento impulsor fue la aparición monástica en el siglo XI  de la Orden de Cluny. Resultó una verdadera agencia de viajes que se dedicó a organizar y preparar y acondicionar el Camino de Santiago. Tan importante resultó como divulgadora de la cultura del Románico y de una manera de interpretar la religión, como hacedora y proveedora de puentes, hospitales, monasterios y villas. También colaboraron en esta labor expansionista  algunos reyes y nobles interesados en su desarrollo, tal es el caso de Alfonso II el Casto,  Alfonso III y Alfonso VI, que aprovecharon el suceso para extender y asentar el dominio cristiano en las tierras aledañas frente al poderío musulmán, y a su vez,  para crear la conciencia de una identidad nacional fundada en la fe que aglutinara a las facciones cristianas dispersas en condados  y reinos. Y por último, la construcción de la Catedral de Santiago (1077-1211), donde se instala el sepulcro, supuso un icono arquitectónico que estimuló al hombre piadoso a buscar la presencia espiritual del santo.

     Así pues, a lo largo y ancho del mapa europeo fueron abriéndose en la Edad Media vías de ruta hacia Santiago que, partiendo del centro y sur de Francia, entraban a Hispania por Somport y Roncesvalles, convergían en Puente la Reina, Navarra, y seguían hasta su destino, configurando así el denominado Camino francés, el más visitado por los peregrinos.

    Pero la gloria del Camino estaba próxima a su fin.

                                                                            medievo

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