“Me gustan mucho” ( Mansilla de las Mulas-León.1 de agosto de 2013)

OLYMPUS DIGITAL CAMERA       Decidimos seguir juntos hasta León. Lo cierto es que no contaba con esta sorpresa, pero me alegra compartir con otro peregrino este viaje. Se sale de Mansilla dejando a la derecha la antigua muralla y una densa alameda en el otro extremo. Siguiendo el camino paralelo a la carretera nacional se llega rápido a Villamoros de Mansilla y, tras cruzar el puente medieval sobre el río Porma, copioso en este tramo, se entra en Puente Villarente. Es esta parte del trayecto algo anodina e incluso arriesgada por el intenso tráfico de vehículos que pasa a nuestro lado. El paisaje, aunque menos plano y más verde por la presencia de plantaciones de maíz y algunas parcelas de alcacer, no transmite emociones especiales. Por eso recibo con doble gratitud la compañía de Emilio. Me cuenta las estrategias comerciales de su próspero negocio. Está entusiasmado con lo que hace y le comento que es muy importante elegir con acierto el oficio.

       –¿Y tú, José, estás satisfecho?

      Realmente le contesto que no estoy seguro de haber elegido una profesión a mi medida.

     – Me desasosiega saber que siempre hay alguna cosa que no se hace bien, sobre todo, cuando el fallo repercute en las personas. Por eso, pienso muchas veces que me hubiera gustado trabajar donde el error no lo padezca otro hombre.

     – ¿Por ejemplo?

     -Me entusiasmaría ser agricultor o ganadero porque la tierra, la naturaleza, me atraen desde niño. Siempre me ha gustado atrapar un pedazo de tierra seca o mojada y sentirla y olerla y ensuciarme con ella. Y sospecho que me gustaría luego saborear cómo las estaciones transforman la semilla y esta se hace poco a poco fruto, y, por fin, recogerlo con mis manos …

      – El agricultor lo pasa muy mal, —apostilla con cierta ironía.

      Aparece la pequeña población de Arcahueja, que atravesamos por su parte más alta, observando con curiosidad la proliferación de construcciones de adobe que resisten pasmosamente el paso del tiempo. Desde aquí, después de varias subidas y bajadas, se llega al Alto del Portillo, que nos sitúa a tan solo cinco kilómetros de la capital. La verdad es que no podemos disimular el deseo de llegar ya a León en medio de un territorio desnaturalizado en que coches, estaciones de gasolina y modernidad se contradicen con el aire quedo y silencioso del peregrino. Ya en Puente Castro iniciamos el suave descenso hacia el corazón de la bella ciudad de León y desde este momento me acecha un cosquilleo.

       – Te presentaré a mi mujer e hijos y a mis padres, que también me esperan.

       – Como quieras, yo encantado.

       Ya nos plantamos en los jardines del Paseo de Papalaguinda, que se prolongan siguiendo las aguas del Bernesga hasta el antiguo Hospital de San Marcos, hoy Parador de Turismo. Es un armonioso y frondoso paseo en que se mezclan amplios parterres de flores amarillas, rojas, violetas y añejos árboles que crean amplias zonas de sombra.

        – ¡Allí están!

      Corren a abrazarse todos como si no se hubiesen visto en años y yo los imagino unidos por mucho tiempo. Pero, en realidad, no sé qué decisión ha tomado mi compañero respecto a su problema. Me presento, saludo a todos y doy mi mano apretada a Emilio en señal de agradecimiento.

    –Visítame, ahora que sabes dónde vivo cuando pases por mi pueblo —repite.

     La desazón no me abandona, así que me dirijo rápido hacia donde puedo encontrar la cura de mi zozobra. Debería guiar mis pasos por las calles principales en busca de esos edificios y lugares nobles por donde debe pasar el peregrino: el Parador de San Marcos, la casa de los Botines de Gaudí, San Isidoro y, por supuesto, la impresionante Catedral que exhibe altiva y poderosa su elegante silueta. Pero no, ni siquiera logro recrearme como otras veces con la ida y venida de ciudadanos que invaden por doquier las calles. Por fin, estoy allí, frente al gran escaparate protegido en su mitad por un toldo o voladizo que impide ver con claridad los encantos que ofrece. Y en ese momento hay un niño que estampa su carita risueña contra el cristal del establecimiento y la estruja hasta desfigurarla como una careta de carnaval. Dice nervioso:

     –Padre, ¡cómpramelos, esos que están ahí!

     Y el padre sale con seis o siete caramelos de azúcar quemado con trazas de almendra que el muchacho cuidadosamente lleva al bolsillo de su pantalón corto, donde no pueden perderse. Son los ronchitos de León, el lujo más humilde que hace feliz a aquel niño. Yo también decido entrar con la misma excitación:

     – Déme seis o siete caramelos ronchitos, por favor.

     – Perdone, se venden por cuartos o mitad o kilo, pero así no.

     – Seis o siete, solo, como ese padre que acaba de salir.

     – Como usted quiera, pero no ha salido nadie.

      Los llevo apretados en la palma de mi mano sintiendo la crepitación del papel negro que los envuelve. Casi no me doy cuenta de nada. Decido meterlos uno a uno en el bolsillo y solo espero que no se me caigan al suelo o los pierda.

      Avanza la tarde seca y calurosa, aguardo en la estación la salida del tren que me ha de llevar de vuelta a casa, busco y rasgo un ronchito. Recuerdo haber hallado en un recodo del río una concha de peregrino que probablemente alguna  xana de ojos claros como la aurora dejo olvidada. Me acompañará en adelante.

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29 pensamientos en ““Me gustan mucho” ( Mansilla de las Mulas-León.1 de agosto de 2013)

  1. Es un auténtico placer leer el blog de José Manuel Fanjul hablando de sus vivencias acontecidas a lo largo del Camino de Santiago en las dos ocasiones en que lo ha recorrido. Sus palabras reflejan la sensibilidad de un fino estilista, una gran cultura literaria y una gran humanidad para con sus semejantes. Sus textos, llenos de nostalgia por la niñez y de amor filial por la figura paterna, son una delicia que reconcilia a los lectores con la mejor literatura de viajes. Espero que su recorrido personal del Camino y su escritura tengan continuidad en el futuro en esta misma línea acertada. Mi más cordial enhorabuena.

    • Dices verdades:nostalgia de la niñez, rescate del padre ya fallecido. Dices cosas muy bonitas pero que no son reales: no soy tan fino estilista ni cosecho gran cultura literaria. Eso sí, procuro ser algo humanista y humano. Es que los amigos nos decimos cosas como estas.
      Gracias.No te quepa la duda de que seguiré poco a poco este Camino hasta que llegue a Santiago.

  2. José Manuel, gracias por esta nueva “entrega” como si de las antiguas novelas escritas por capítulos se tratara. Realmente has concentrado tu experiencia en el camino en estos tres días sacando lo mejor de tus sentimientos. Personalmente lo que mas me emociona es que se nota que disfrutas de la naturaleza que te rodea ,también que recuperas las vivencias infantiles que, como a todos nos pasa, se han quedado grabadas a fuego en el alma. Es como volver al paraíso perdido de la niñez ¿ verdad ? (el episodio de los ronchitos es precioso).Bueno es difícil escribir un comentario para alguien que domina y conoce tanto el lenguaje. Espero que el tiempo (en toda la extensión de la palabra ) y la generosidad de Flori te permita seguir este maravilloso Camino y contarlo tan bien como lo haces.
    Nos vemos en ese otro “camino”.

    • Ana, gracias a tí por tu amable comentario. Tienes razón, me gusta mucho, muchísimo la naturaleza, tanto que no podría vivir sin ella.Por eso, todos los días hago un largo paseo en el medio en que vivo y disfruto de lo que aquí tengo. Pero la naturaleza me gusta toda: este año anduve entre las sierras amarillas y secas del Cabo de Gata y disfrutaba de aquello, las pitas, que son unos arbolillos que parece que están pidiendo limosna,las escasas zarzas, las quebradas.Es el paisaje de Tabernas donde se rodaban los western, y me gusta. Por supuesto ni menciono la alfombra verde de mi tierra. En una palabra, sé por estas razones que la Naturaleza la llevo y la siento siempre, desde muy niño o bebé.
      También, como dices, deseo recuperar la niñez, pero para que se quede aquí, conmigo para todo lo que me queda por vivir. Porque el hombre adulto, maduro y con una inteligencia razonable, es poca cosa si no incorpora además la ingenuidad, la inocencia, la facilidad para sorprenderse, la espontaneidad y el amor limpio, sin intereses, del niño.Juntos,niño y hombre, podemos dar mucho juego.
      Eres muy generosa.Cuando leo el Quijote, todas las noches tengo por costumbre leerlo un poquito, descubro que soy poca cosa a la hora de escribir. Cervantes es el grande, los demás escritores aprendices y yo un chaval-talludito que garabatea unos renglones.

  3. ¡HOLA COMPAÑERO!
    De manera apurada leo algunos párrafos en este precioso blog, que te aseguro leeré más detenidamente ya que contiene tantas reflexiones muy cercanas como anécdotas muy atractivas.
    En unos dias te mandaré un comentario más amplio.
    Un abrazo
    Santos Fernández Fanjul-TITI- Collanzo.Asturias

    • Santos, espero con ganas tu comentario que me llega además de nuestra Asturias ultramontana. Me alegra de que a un primer vistazo te guste porque uno hace estas cosas también para todos y, especialmente, para vosotros. Lo espero

  4. Estimado compañero, agradezco mucho que nos hagas partícipe de tus experiencias durante el Camino de Santiago. Leyendo tu diario es como si yo compartiera el mismo recorrido y las mismas sensaciones y emociones, como si ralentizara el tiempo para adentrarme en la historia de esos campos, conventos, caminos empolvados, peregrinos… que tienen tanto que contar.
    Minuciosamente nos describes todos los lugares del camino, de tu camino porque consigues a través de él adentrarte en recuerdos de la niñez, en los sabores agradables que ella te dejó y que intentas perpetuar en tu presente. Acompañas y te dejas acompañar por todos esos peregrinos a los que escuchas con atención y con los que compartes momentos agradables y sencillos de la vida. Y en ese constante ir y venir, nos transmites con la minuciosidad de las descripciones una sensación de paz, de tranquilidad, de la calma interior que toda persona siente cuando se va recreando en el momento y deja por un tiempo sus preocupaciones.
    Recobra para ti mucha importancia cualquier persona que se te presente, valorando todo aquello que cuenta, desde una reflexión sobre la desigualdad del mundo, una confusión amorosa y hasta esas pequeñas bromas que hacen más ameno el camino.

    Por todo ello, agradezco estas bellas páginas con las que nos deleitas y que con tanta sencillez y buen hacer has escrito y te animo a que sigas haciéndolo. Para las personas que aún no hemos hecho el Camino de Santiago, ya conocemos parte de su recorrido y, sobre todo, parte de esas experiencias que nos aportan tanta quietud interior.

    Muchas gracias y enhorabuena.

    • La misma quietud que te produce leer mis impresiones del Camino me la devuelves con creces leyendo tu comentario. Hay algo que dices muy bien y que es totalmente cierto: Todo me interesa de este Camino- espejo del otro cotidiano- y de la Vida en general, sobre todo, las personas. Nadie, ni siquiera el ser más depravado, me pasa desapercibido y procuro recoger de cada uno sus gestos y muecas, la sonrisa alada o profunda, la mirada por encima de todo. Y todo lo que genera con sus palabras y actos. Todo me importa. Porque no hay en esta tierra nada más grande y pequeño que el ser humano ( Walt Whitmann hizo de esto su Canto al Mundo). Luego vienen las otras criaturas, y luego las cosas. Entiendo que la principal tarea es la de reconocer y conocernos. La literatura, en mi opinión, es la recreación del Hombre con mayúsculas.
      Carlota, nos seguimos viendo. Gracias.

  5. En mi nombre llevo una naturaleza errante y peregrina que nunca he sabido o no he podido materializar o identificar; por eso, aunque sé con casi absoluta certeza, que nunca haré el camino, siento que hoy, al menos, he llegado a imaginarlo, a saborearlo, a sufrirlo a través de tus palabras; de tus inflamados tendones; de tu mirada limpia, serena y filantrópica.
    Gracias también por recuperarme adustas y nobles palabras, igual de nobles y adustas que la estepa castellana y las gentes que habitan en ella: arriates, espadañas, tajamares; zuritas, cernícalos y torcaces; aceñas, celemines, sementeras…Son tan evocadoras, que al pronunciarlas, dan ganas de ponerse de rodillas. Pero gracias, sobre todo, por esos dos inmensos personajes (Marcelo, Sonia, Nuria, Irene o Emilio, sin duda también lo son), pero ese padre y ese niño me han robado el corazón. ¿No hay un ronchito para mí?

  6. Bueno,Jose, veo que sigues haciendo el Camino de Santiago.La verdad que resulta agradable andarlo por unos instantes contigo, sintiéndose uno participe en esos momentos de tus vivencias tan bien contadas, y en especial este año por tierras leonesas, que como bien sabes y como buen asturiano y de las cuencas mineras, todos pasamos nuestras vacaciones de verano por Valencia de don Juan,Mansilla de las Mulas o el propio Sahagún, entre otros pueblos. Veo que al igual que me ocurre a mi cuando voy por allí, te invaden los recuerdos de niño con nuestros padres. Nada mas sentir que una vez más padeces caminando dolores de tendinitis que tan horribles son y que sin duda te impiden de alguna manera disfrutar en plenitud de tan estimulante camino. Gracias por acordarte de mi y me alegro mucho que sigas disfrutando como siempre hiciste de la esencia de la vida. Un abrazo muy fuerte.

    • Jesús, es verdad, mirando hacia atrás, como se dice ahora por el retrovisor, aparecen elementos comunes que nos unen más que nunca: hijos de las cuencas más combativas de España-¡y qué orgullo!- paisajes ennegrecidos por el humo, vacaciones con nuestros padres atravesando el “Negrón” y más allá el sol radiante de Castilla, conversaciones largas tras las vidrieras del “Pablos” con nuestros amigos, paseos por el viejo parque felguerino, nuestros primeros bailes… Qué se yo. Por eso, ahora, sobre todo, toca recolectar las vivencias del pasado y andar juntos lo que nos quede.
      Gracias a tí.

  7. José Manuel, no conozco el Camino de Santiago, nunca he recorrido ninguna etapa, pero leyendo comentarios como los tuyos, sé que más pronto que tarde tendré que comenzar yo también mi peregrinación.Precioso blog, querido amigo. Espero podamos seguir encontrándonos por los caminos peregrinos de la vida, para seguir degustando impresiones y sensaciones tan bellas y sinceras como las que nos transmites. Recibe un fuerte abrazo.

    • Javier, la forma de conocer las experiencias que puede dar el Camino es andarlo, si quieres, conmigo. Sabes dónde estoy. También deseo que podaís volver al Centro ambos Javieres, como ocurrió no hace mucho tiempo. Pero me alegra que el relato de mi viaje estimule tus ganas de “caminar”, que es vivir.
      Un abrazo fuerte.

  8. Hola, Jose Manuel, acabo de entrar en tu blog y me ha encantado. Tu estilo literario me parece magnífico, pero sobre todo lo que me ha gustado es que lo has escrito desde el corazón y me he visto absolutamente reflejado en tu relato. Por un momento también mi vida ha vuelto a estar en ese camino, en ese duro camino de vida donde, en mi caso, los pies se llenaron de ampollas y, al igual que tu, mi marcha se convirtió en un paso a paso de voluntad y deseo.
    Creo que esa fue la primera y quizás principal lección de vida que me dio el camino, llegar con sufrimiento. Pero, como tú, sentí la piedra, la energía etérea que descubrí en cada ermita románica, mejor cuanto más pequeña, mayor cuanto más aislada. En Fromista, la iglesia románica me fascinó, pero al entrar, y también porque la habían convertido en un lugar de pago, su renovación casi me impedía sentir esa energía que solía percibir en las demás iglesias, y donde me refugiaba para entrar en comunión con la presencia y el no tiempo.
    Gracias, peregrino, por tu recordatorio.

    • Javier, después de haberlo pensado varias veces, me he decidido a hacer público lo que me dices en privado, a través del correo, por dos razones principalmente. Tú, sí que has sabido de este Camino más que yo porque lo anduviste de un tirón y con llagas en los pies. Partiste de tu tierra aragonesa y arribaste a Santiago en tu barco velero y maltrecho tras casi un mes de navegación a la desesperada.Y eso tiene un mérito enorme. Por si fuera poco nos diste una inabarcable lección: la vida es un derroche silencioso de voluntad y esfuerzo.Y como maestro que eres, hoy nos sigues dando la misma lección de voluntad y esfuerzo en el camino que haces a diario. Porque es verdad, Javier, la vida no es más que dos palabras, un poco de amor y el resto voluntad como la tuya.
      Por eso, amigo, sabes, como te dije, que aquí te espero, en este cancho, en esta rama, en este suelo pedregoso del Camino para que marchemos juntos hasta donde tu quieras. No lo olvides, te espero.

  9. Leo tu blog en la pantalla y no es el mejor lugar para disfrutar de una escritura tan reposada y pausada como la que tú propones.
    Me ha gustado mucho. REconozco retazos de la conversación del otro día en el Tinelo sobre el humanismo de nuestra profesión, sobre la vida misma. Tengo una amiga que lleva varios años haciendo el camino y viene cambiada. La reconozco en las personas que retratas: en la dicharachera, en la cansada, en la que se cuestiona qué hacer con su vida. Tienes evidentemente un tono personal. No diría yo de Azorín, como te comentaba Jose el otro día. Él buscaba sólo las sensaciones del paisaje y tú además incluyes a las personas. En las descripciones, el adjetivo exacto, eso sí es azoriniano y no es fácil. Aunque al leerte lo parezca.
    Gracias por invitarme a leerte.
    Buen camino.

    • Isabel, no es fácil escribir con sencillez, como dices. Porque la sencillez es también elaboración lenta, pausada, hasta que acaba prieta la frase que deseas, y el resultado es aquella máxima renacentista “escribe como hablas” que escondía horas de corrección antes de salir impreso el libro- se dice que Fray Luis pasó corrigiendo sus Odas hasta poco antes de morir, como tú bien sabes-. Agradezco, por lo tanto, el que digas que escribir llanamente no es tarea fácil.
      ¿ Y Azorín? Azorín buscó con palmatoria en mano las palabras más desusadas del arco léxico del castellano para darles el brillo perdido, pero ya muerto nadie las volvió a utilizar y así volvieron al olvido. Él es el gran maestro del léxico y resulta inevitable beber en sus ricas fuentes.
      Gracias por tus palabras que revelan profundo conocimiento de la literatura.

  10. Hola Fanjul
    Me he sentado frente e esta pantalla y como otros lectores quedo maravillado por tu facilidad de plasmar tan brillantemente lugares, sentimientos o recuerdos con unas palabras tan precisas y adecuadas .
    Realmente no puedo decir que me sorprende tu facilidad en la escritura, ya que te conozco de cuando éramos unos guajes de pocos años, en aquel colegio ovetense que compartimos durante unos cuantos años y del cual guardamos muy gratos recuerdos.
    En su momento yo hice el camino de Santiago pero de una manera muy alocada y sin detenerme en reflexiones, conversaciones o contemplaciones, ya que junto a otros dos compañeros, y en bicicleta, hicimos el camino desde Roncesvalles en tres días y medio.¡Qué burrada del esfuerzo realizado!
    No hicimos otra cosa que dar pedales, sin momentos de descanso ni paradas ni visitas a determinados lugares, por supuesto ni nos parábamos a charlar. Fue un camino de Santiago insulso, como podía haber sido a Cadiz o a Cuenca o cualquier otra población o lugar.Fue, repito, una locura individual y poco compartida con mis otros bicigrinos.
    Tras leer tus reflexiones, conversaciones, recuerdos, envidio de modo sano ese modo de afrontar el reto DEL CAMINO DE
    SANTIAGO.
    Un abrazo
    Santos

    • Santos,¡tres días y medio!, aunque sea en bici. Habéis entrado en el libro de los récord. Te confieso que durante el camino no me caían bien los ciclistas porque a veces, si no los veías ni escuchabas, te sorprendían por detrás asustándote. Y sobre todo, ellos recorrían en unos minutos lo que tú hacías en horas. Bueno, reconozco cierta envidilla. Pero lo vuestro es un acto heroico sin duda alguna.
      Te animo a que lo intentes otra vez como quiera que sea.
      Un abrazo y gracias.

  11. ¡ Cómo me alegro de que sigas vivo con el camino ! ¡ Son tantas las maravillas que descubre uno al moverse por tierras llenas de huellas ! Yo también dejé las mías en algún lugar de la sierra de León. Algún día retomaré aquella senda que me hizo respirar mejor. La soledad del camino nunca duele, reverberan las pisadas hata perderse en lo profundo de alguna espesura. Sentí cómo se quemaba la piel y soporté numerosas ampollas. El camino nos hace más conscientes y un tanto más pacientes.
    Me encanta saber que estás bien.
    Un abrazo muy fuerte.

    • Txemi, qué bien que haces andando por las sierras leonesas. Al final, es verdad, no hay diferencias apreciables entre unos y otros caminos, porque todos, además de llevarnos al mismo sitio más temprano o más tarde, nos aportan las mismas cosas: paisaje, esfuerzo y puesta al día de nuestros motores vitales.
      Un abrazo fortísimo, cántabro.

  12. Querido Jose Manuel:

    Gracias por tantas imágenes, recuerdos, sueños, ternura, ilusiones, trocitos de vida, estímulos, palabras y silencios… Regalados a borbotones en fotografías y testimonios de tu (y un poco nuestro ya) Camino.
    Tu relato da voz a una experiencia que compartimos -a primeros de septiembre regresaba este peregrino que te escribe; nostálgico, habiendo trocado un cierto vacío por un ensimismamiento cercano a la felicidad, y que ha de retomar senda en el futuro desde donde tu partias en esta última entrega-.
    Creo recordar que retroalimentamos nuestras ansias peregrinas en aquel delicioso curso compartido en el Itaca, y finalmente has ido abriendo camino hasta convertirte en referente, portavoz y estímulo.

    ¡Qué bien has sabido recoger esa magia que nos devuelve imágenes de la infancia, que nos invita a querer ‘di-la-tar’ cada momento de esa soledad sonora que allí se hace presente; como vienes a decir ¿qué tendrá el Camino, que no lo queremos abandonar ni aunque parezca vencernos en él el sufrimiento?

    Compré cerca de Belorado un libro publicado por un hospitalero, donde se recogen decenas de testimonios de peregrinos alojados en una especie de Sangri-La que hay en la ruta: SANTUARIO; así se titula, y su autor es Jose Almeida… Conmovedor. Te ayudará a mantener vivo el entusiasmo por volver -(algo, por otra parte, innecesario para quienes como nosotros ya tenemos suficientemente arraigadas tales ansias)-.

    Gracias y hasta pronto, amigo.

    Javier Gallego

    • Retengo el libro que me recomiendas. Celebro mucho también tu peregrinaje porque como sabes,Javier, el camino es un saco repleto de aconteceres de toda clase que nos enriquece personal y humanamente. Siempre me digo que el Camino es el espejo de la vida real, un microcosmos que recoge todo lo que pasa y discurre extramuros, y que bien asimilado, nos hace mejores para volver mejor preparados al quehacer cotidiano. O simplemente su presencia muda y callada nos ayuda. Sin ir más lejos un día de estos me sentía rebasado por cien asuntos que te ocurren en casi un instante, y de repente, me asomé a una ventana e imaginé las soledades del campo castellano, resultó un estímulo para volver a empezar.
      ¡Cuánto siento que no estés entre nosotros!
      Un gran abrazo, amigo.

  13. Recuerdo aquel día, hace ya dos años, cuando comentaste en clase que tenías la intención de escribir acerca del camino de Santiago, me alegra ver que has llevado a cabo tu idea.

    Se nota que es un tema que te apasiona y a través de tus relatos lo haces apasionante para quien lo lee. Las descripciones de los paisajes, de las sensaciones, de los sentimientos me han hecho sentir como si fuese yo misma la que estaba realizando el camino. Me parece muy interesante tu modo de enfocar el viaje, no te centras en el destino, sino en el camino que recorres hasta llegar a él, lo cual deberíamos aplicar a la vida misma, en ocasiones nos centramos demasiado en esperar que llegue algo, nos preocupamos demasiado por el futuro en lugar de disfrutar el momento presente, probablemente seríamos más felices. Durante el camino te nutres de las experiencias de las personas con las que te encuentras, como yo he hecho al leer tu blog. Recuperas palabras que están cayendo en desuso, algunas de las cuales desconocía su significado y me he visto obligada a buscarlo en el diccionario como azeñas o celemines. Así que gracias, porque apesar de no estar ya en tus clases continuas enseñandome algo nuevo.

    Espero que sigas regalándonos relatos como estos.

    Un abrazo

    • ¡Cuánto me alegra leerte, leeros, a quienes formastéis parte de nuestra vida en el instituto! Y es que además, Conchita, te veo resuelta y sobre todo satisfecha, iba a decir feliz pero eso es demasiado para todos, en el nuevo medio en que te desenvuelves. Pero hay algo que aún me llama más la atención y es esa magnifica lección de vida que ya has asimilado a tu edad y es que tenemos que exprimir cada instante para ser más, que el fin o la meta quedan lejos y mientras llegan, si es que llegan, hay que ocuparse de lo inminente, que el camino es en definitiva el fin en sí mismo. ¿Qué otra cosa es sino el “carpe diem” de Garcilaso, como tu bien sabes y has asimilado?
      Sí, os lo dije en alguna ocasión, tenemos que rescatar las añejas voces del idioma español porque cuando desfallece una de ellas también muere en cierta manera el pedazo real a que se está refiriendo.
      Nunca me cansaré de decir que vosotros, los jovenes como tú, sois esa raza de la rabia y la idea que dijo el maestro de poetas. Sois, al menos para mí, la única esperanza de un mañana mejor.
      Un abrazo, Conchita.

  14. Me he tomado la libertad de leerte y ser partícipe de cada palabra, de cada expresión…. Me has hecho SENTIR la tristeza de aquellos dorados girasoles brillantes como tus ojos al mencionar el recuerdo de tu sobrina; la felicidad de la desbocada juventud que ríe y se zambulle personificando el fluir de la vida; el dolor de tus agotados pies manteniendo siempre el peso del “camino”; la historia de aquellos mágicos pueblos, sus calles y sus plazas; cada esperanzado paisaje inundado por iglesias construidas como si de un puzzle se tratara… encajando cada pieza de tu camino para permitirnos saborear contigo aquellas experiencias que nutren, dándote vida a ti y a los que te leen.

    Al fin y al cabo, esto no es sino una prueba de que sigues ahí, enseñándonos cada día algo nuevo; haciéndonos entender que la belleza de vivir se encuentra en cada minuto desnudado por el presente y no en el tardío y esperado final del camino.
    Me alegra ver que sigues siendo tú, tan agradable, romántico y popular.

    Devolviéndote las miles de sonrisas que me has dedicado durante mi recorrido en Ítaca, te envío un fuerte abrazo y no me despediré de ti, esperando la continuación.

    Laura Ortiz.

    • Laura, qué bien dices las cosas. Hoy debería ponerte un diez. En efecto, la intención última del comunicante es transmitir las sensaciones del modo más claro para que los demás las reproduzcan y las hagan suyas. En tu caso lo he conseguido porque sientes, como yo sentí, cada paso de la senda, cada muesca de dolor y alegría en mi cara. Eso me hace sentirme bien. Ser útil diciendo algo que otros aprehenden, que tu asimilas e interiorizas. Y en definitiva,os animo a que disfrutéis de cada segundo porque no hay otra opción, de la misma manera que yo no sé hacer otra cosa que sonreir porque no tengo otra opción. Así que la muerte me cogerá con una sonrisa tenue en los labios porque no hay
      otra opción.
      Agradezco mucho tus bellas palabras.
      Un abrazo

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