¿Me equivoqué de Camino? Un peregrino en el Camino Francés

 

Ya publicado, mi nuevo libro, cuyo título figura en el encabezamiento. Es el relato personal del Camino Francés, una visión particular, a veces íntima, de la historia pasada y presente, de las leyendas que poblaron sus rincones, del paisaje variado de las regiones por donde pasa y sus gentes. En fin, una perspectiva subjetiva del actual Camino, eso sí, siempre emocionada y sentida, pues no hay relato sin pasión.

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-Añado el contenido de una entrevista hecha para una emisora de La Coruña a propósito del libro. Como se reproduce el programa entero, la entrevista comienza en el minuto 100.

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-Puede encontrarse asimismo publicidad del libro en Facebook Editorial Círculo Rojo.

-Acaba de publicarse en You Tube  una reseña del libro. Buscar por el título, seguido del primer apellido del autor.

 

 

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Santiago de España. Américo Castro

 

      Nacido en 1885 en Cantagalo, Brasil, y fallecido en 1972 en Lloret de Mar, representa una vida dedicada al estudio e investigación de la historia de España y su literatura. En este sentido la figura del eminente filólogo, Marcelino Menéndez Pidal, desempeña un papel influyente en la formación investigadora del escritor. Desempeña la cátedra de Historia de la Lengua Castellana en la universidad de Madrid desde el año 1915. Y desde esta privilegiada posición mantiene relaciones intensas con personalidades tan importantes como Ortega y Gasset y Giner de los Ríos. Durante la guerra civil española se marcha a Argentina y Estados Unidos, donde enseña literatura española en diversas universidades. Tras una vida de venturas y tribulaciones, pues mantuvo severas polémicas con otras colegas, como el historiador Claudio Sánchez Albornoz, viene a morir en solar hispano, dejando un rico y copioso heraldo cultural.

    En 1948 publica La realidad histórica de España, en la que plantea la teoría de que las raíces de lo español se fraguan en la Edad Media como resultado de la convivencia no siempre pacífica entre cristianos, árabes y judíos, cuestión que da paso a una de las controversias  más apasionadas del siglo XX acerca del ser de España. Pero en lo referente al asunto jacobeo, Castro dedica algunas páginas a  la figura del apóstol Santiago. Mantiene dos tesis importantes: la importancia del discípulo de Jesús en el devenir de la historia de España y la influencia o trasposición de los dioscuros a la imagen de Santiago, considerado como eficaz ángel exterminador de las huestes musulmanas en el proceso de expulsión del Islam de la Península Ibérica durante el medievo.

    Contestado por Claudio Sánchez Albornoz y, sorprendido por la virulencia de los ataques del historiador y otros afines, publica en 1957 unas cuartillas, Santiago y los Dioscuros, complementadas al año siguiente con el libro, Santiago de España, en los que explica con mayor profundización los asertos planteados de inicio.

     Según Américo Castro, la perspectiva ecuestre de Santiago que, con la espada en la mano, siembra la muerte y el desconcierto en el bando árabe, es la cristianización del mito griego de los gemelos Castor y Polux, llamados Dioscuros. La semejanza entre ellos es más que notable pues los hermanos intervienen, primero, en múltiples batallas de griegos y romanos en defensa de su bando, y segundo, lo hacen a lomos de un hermoso corcel blanco que se desliza de los cielos, sembrando mayor confusión en el lado hostil. Polux es además hijo de Zeus o Jupiter, Castor lo es de otro padre, del que Homero dijo que era el Tonante o el que gobernaba el trueno, de la misma manera que a Santiago se le reconoce para diferenciarlo de su hermano menor, el hijo del trueno. En resumen, la invención de Santiago como “matamoros” no es más que la traslación del mito pagano al cristianismo.

    La consecuencia, sigue sosteniendo Castro, es que Santiago Matamoros es un activo fundamental en la lucha contra el Islam, y un importantísimo apoyo anímico de las tropas cristianas para vencer y exterminar a su enemigo. Desde la aparición fabulosa del apóstol en la dudosa batalla de Clavijo, año 822, y de la presencia legendaria de Santiago y San Millán, esta vez dos santos, como Castor y Polux, en la contienda de Simancas en el año 939, el apóstol se convierte en un héroe cristiano y luego nacional, hacedor de la unidad de España en torno al credo cristiano. Con palabras del ilustre filólogo, Santiago es “una institución en el colectivo hispano”. Tan importante papel asignado a este santo determinó que fuese nombrado Patrón de España.

   Esta visión casi mesiánica de Santiago decidió, por ejemplo, que cuando se quiso hacer a Santa Teresa de Jesús copatrona de España, la reacción de los poderes tradicionales fue inmediata, resolviendo el patronato en favor de Santiago, cuestión defendida entre otros muchos por Quevedo, que fue un decidido santiaguista.

     La obra, en la actualidad poco leída, de Américo Castro resulta una pieza fundamental para conocer el origen y desarrollo de nuestra historia, incluso siendo un escritor de formación literaria y lingüística que, adoptando fuentes literarias, llega a conclusiones  muy interesantes y clarividentes del modo de ser del español. Sin duda, la formación filológica del sabio determina el carácter austero, templado y maravillosamente transparente del estilo literario del que hace gala en toda su obra, lejos del circunloquio y la retórica tan propios de otros.

  

  

    

  

Santiago Apóstol, patrón de las Españas. Juan de Contreras (Marqués de Lozoya)

 

         Juan de Contreras, Marqués de Lozoya, nace y muere en Segovia (1893-1978), pequeña y recoleta ciudad con la que estuvo sentimentalmente muy vinculado a lo largo de toda la vida. Estudia Derecho en Madrid y Filosofía y Letras, Sección de Historia, en Salamanca, doctorándose en ambas disciplinas de modo brillante. Catedrático primero de Historia de España en la universidad de Valencia, y posteriormente de Historia del Arte en la de Madrid, compagina la labor docente con la de investigador, de lo que resultaron sus dos magnas obras, la Hª del Arte Hispánico y la Hª de España, ambas de seis volúmenes cada una, que lo sitúan en un puesto importante de la erudición histórica española.

     Como consecuencia de su trabajo obtiene toda clase de honores, cargos y laudes de universidades, instituciones culturales y academias. En lo político es elegido como diputado conservador por la CEDA en la Segunda República Española y, más adelante, procurador en Cortes durante el régimen de Franco en la década de los años sesenta. En lo personal, el título de marqués le viene dado por el linaje de los Lozoya, a quienes el rey Carlos II otorgó tal mención en el año de 1689.

    Obrita menor, probablemente, es Santiago Apóstol, patrón de las Españas, publicada por Biblioteca Nueva, en 1940.

      Se inicia el texto en las primeras páginas con un Nihil Obstat por parte del censor Cecilio Santiago, que aprueba la publicación del libro; y se cierra en las últimas con la expresión “acabose de escribir este libro en la fiesta de Nuestra Señora del Pilar del año de la victoria”, proclama que, obviamente no tiene por qué afectar al contenido, pero que pone de manifiesto el protocolo del régimen autoritario instalado en el año de 1940.

     El esquema del libro es lineal y coherente. Los primeros capítulos están dedicados a la recuperación de la figura de Santiago, pescador y amigo de Jesús, tal como lo recogen los Hechos de los Apóstoles y los Evangelios; luego postula la predicación del apóstol en Hispania, especialmente su presencia en Zaragoza, según un códice latino del siglo XIII conservado en el archivo del Pilar; y por fin, trata la muerte por decapitación y el traslado del cuerpo a la costa de Galicia, donde allí habría de permanecer hasta el momento del hallazgo en el año 813. En todas estas cuestiones se mezclan la ficción y ciertos ápices  históricos, pues el mismo escritor titula uno de sus capítulos “La leyenda del Santo Enterramiento”, siguiendo los dictados del Códice Calixtino y de la tradición popular.

     Los capítulos intermedios se centran en el origen y formación de la ciudad de Compostela a partir del descubrimiento de la tumba del santo en el monte de Libredón, antiguo osario, y de la colocación de las primeras iglesias y monasterios en tiempos de Alfonso II El Casto y Alfonso III. Comienza así uno de los sucesos de peregrinación más importantes del mundo, junto a Jerusalén y Roma, que atrajo peregrinos de oriente y occidente. El autor recoge una larguísima nómina de peregrinos que visitan la ciudad, cada vez más afianzada y con mejores hechuras. Destaca el Marqués de Lozoya la preponderancia que tuvo el Camino Francés como principal arteria de comunicación de Europa con Santiago de Compostela, y las consecuencias culturales y económicas de esta peregrinación.

     Los capítulos finales tratan de asuntos puntuales, a saber, del origen de la expresión “Santiago y cierra España”, a partir de la intervención milagrosa del Apóstol en las batallas de Clavijo y de Simancas, aquella de dudosa existencia histórica; de la defensa de los peregrinos como labor principal de la Orden de Santiago, a la que dedica un detallado análisis de su formación y devenir; de la propagación a las Indias de la devoción por el santo, cuyo icono más repetido es el de Santiago “matamoros”; y de las huellas en la pintura, literatura y arte en general que dejó el Camino de Santiago en España.

     El sellado del libro lo fija un epílogo seguido de un apéndice. El epílogo es la exaltación en los tiempos precarios de la posguerra española del retrato militar de Santiago, que apareció en la historia de España como un caudillo galvanizador de las tropas cristianas hacia la victoria, y que sigue siendo ese conductor épico de los hombres patriotas, según el propio escritor. El apéndice es una andanada contra quienes de un modo u otro se han opuesto a la ortodoxia jacobea. Cita por ejemplo que el Arzobispo de Toledo D. García de Loaysa negó sin razón la predicación de Santiago en España, o que se desató sin ningún motivo en 1617 la idea de que Teresa de Jesús fuese co-Patrona de España con Santiago, o carga contra los constitucionalistas de Cádiz de 1812 por la anulación del “voto de Santiago”, porque advierte el autor que desde esa fecha España agudiza su decadencia imperial.

    Sin duda es un libro escrito con más ardor que razón, sentimental y romántico, de aciertos literarios en algún caso que, por el contenido laudatorio del apóstol Santiago, entrevisto como adalid de la causa cristiana contra el infiel, no pasa desapercibido ideológicamente.

Caminaron a Santiago. Relatos de peregrinaciones al fin del mundo. Klaus Herbers y Robert Plötz.

 

         Dos importantes  estudiosos del  tema  jacobeo son Klaus Herbers y Robert Plötz.

     Klaus Herbers nace en Wuppertal (Alemanania) en 1951. Desde 1998 trabaja como catedrático de Historia Medieval en la universidad de Erlangen-Nümberg y, entre sus numerosos cargos, destacan el de ser Miembro del Comité Internacional de Expertos del Camino de Santiago de la Xunta de Galicia, y el de Vicepresidente de la Sociedad Alemana de Santiago. Dedica gran parte de sus investigaciones al tema jacobeo, dando como resultado numerosos trabajos acerca del origen y formación del culto a Santiago, la propagación del culto a Europa, el Códice Calixtino o el tratamiento de los relatos de peregrinación. Algunos de estos contenidos quedan reflejados en una compilación de artículos, titulado Papado, peregrinos y culto jacobeo en España y Europa durante la Edad Media.

     Robert Plötz nace en 1942 en Nuremberg (Alemania) y fallece recientemente en 2017. Realiza estudios de Germanística, Historia y Folclore, y entra en contacto con el Camino de Santiago a raíz de su trabajo como lector de la universidad de Oviedo en 1967. Sin embargo, desarrolla su tarea profesional como director del Museum für Volkskunde und Kulturgeschichte de la ciudad de Kevelaer. Despliega una actividad fecunda en el ámbito de la cultura jacobea y, de este modo, es uno de los encargados de redactar el informe que sustentara la declaración por el Consejo de Europa del Camino de Santiago como el Primer Itinerario Cultural Europeo en 1987. Obtiene en 1999 la medalla de oro de la ciudad de Santiago de Compostela, como justo reconocimiento a su entrega investigadora.

      Ambos eruditos son coeditores y colaboradores de una recopilación de artículos sobre el tema jacobeo de veintiún volúmenes, que lleva por título Jakobus-Studien (Estudios sobre Santiago). Pero, sobre todo, una obra común de gran relevancia es Caminaron a Santiago. Relatos de peregrinaciones al “fin del mundo”, publicada con ocasión del año santo jacobeo de 1999.

      Se articula el libro en tres partes principales, a saber, un prólogo, el cuerpo propiamente o nudo central temático y un balance, según expresión de los autores, o epílogo a modo de cierre y conclusiones.

      El prólogo viene a contextualizar el fenómeno jacobeo, poniéndolo en relación con el culto a las reliquias de santos que, procedente de Oriente, se introduce en Europa a partir del siglo IV d.C. El Liber Sancti Jacobi o Códice Calixtino corrobora la existencia de las reliquias del apóstol Santiago en el extremo occidental de Galicia, lo que promueve una de las rutas de peregrinación más importantes del mundo, junto a las de Jerusalén y Roma.

     La parte central del libro se centra en primer lugar en el tratamiento de los orígenes del culto a Santiago en Galicia, para lo cual manejan los autores todas las fuentes narrativas, legendarias y documentales conocidas (los Martirologios de Floro, la Concordia de Antealtares, el Códice Calixtino o la Historia Compostelana, entre otros), y en su rápida difusión al resto del mundo cristiano, que supondría el inicio de las primeras peregrinaciones. Como consecuencia de esta vía abierta desde Europa, son muchos los peregrinos que asumen la tarea de redactar guías de peregrinación o relatos de viaje con la finalidad de dictar prescripciones sobre el camino a otros peregrinos (lugares, distancias, hospitales, portazgos, etc.) y valorar otras cuestiones (costumbres, tradiciones, gentes, paisajes). Los autores se aplican, por lo tanto y en segundo término, al estudio y análisis de algunos de estos cronistas del Camino de Santiago, situados entre los siglos XV al XVIII, a excepción del Liber Sancti Iacobi, considerado el primer relato europeo de viajes en el siglo XII y modelo de la mayoría de los libros posteriores. Un total de veinte escritores de distintas nacionalidades, aunque la mayoría alemanes, componen el objeto de estudio de este libro (desde los más tempranos señor de Caumont y Margery Kempe de 1417, hasta Nicola Albani de 1743).

      La parte final del texto cierra con una importante y natural conclusión. Que los relatos de viaje, un género literario de difícil caracterización, no contienen solo puntuales referencias de uso práctico que ayudan al éxito de las peregrinaciones, sino además conjeturas e impresiones sobre el tiempo y el espacio vividos de gran interés histórico.

     Se trata de un gran libro, escrito por eminentes profesores, cuyo uno de sus valores más relevantes es la profusión y manejo de fuentes y obras bibliográficas sobre el tema jacobeo. Si a eso, se añade el estilo desenfadado, ágil, a la vez que pormenorizado, claro y preciso, el resultado es el de un libro importante dentro de su género.

Gran Enciclopedia del Camino de Santiago. Diccionario de la cultura jacobea.

 

       El enciclopedismo, de origen francés, supuso la compilación y divulgación del saber científico a toda la sociedad europea del siglo XVIII. Ahora, La Gran Enciclopedia del Camino de Santiago viene a representar, como las primeras enciclopedias galas, el resumen y la propagación del saber jacobeo a toda la comunidad española y europea.

      Varias son en mi opinión las condiciones de una obra enciclopédica.

     La primera condición es la densidad de su contenido. Es una magna obra de 18 volúmenes, coordinada por Manuel F. Rodríguez, en la que participan un colectivo de más de sesenta investigadores y especialistas, fotográfos y diseñadores gráficos del Camino de Santiago, procedentes de diversos países. Consta de 4.000 páginas, más de 3.000 entradas, 2.000 fotos y 100 mapas, que da una idea del trabajo acometido y del ingente conocimiento atesorado.

        La segunda característica es el interés de los temas. No es solo cuestión de cantidad, sino de calidad en cuanto a la selección de asuntos y temas. El volumen 1º resume los contenidos de que trata, a saber, personajes históricos y legendarios que tuvieron que ver con los orígenes del Camino; investigadores y estudiosos, a excepción de los que están vivos y que, por lo tanto, engrosarán el futuro de la Enciclopedia con el paso del tiempo; personalidades que han impulsado el renacer del Camino en el siglo XX; peregrinos y el mundo del peregrinaje; textos y autores anteriores al descubrimiento del sepulcro supuesto de Santiago y posteriores al mismo suceso; toponimia, caminos y lugares del mundo relacionados con el fenómeno jacobeo; la música y la literatura; la semiología o los símbolos. En definitiva, la obra abarca el mayor haz posible de asuntos y, por lo tanto, integra admirablemente todo el orbe de contenidos jacobeos.

      No puede concebirse la vocación universal de la enciclopedia, si no va acompañada de un estilo claro, conciso, directo, preciso y objetivo. Otra de las condiciones. En este sentido, las entradas son expuestas de forma sencilla y transparente, lo que permite que la lectura sea fluida y fácilmente comprensible. Los tecnicismos y neologismos propios de las disciplinas son resueltos favorablemente mediante su adaptación a un lenguaje próximo y cercano. En cuanto a la precisión de las definiciones debe subrayarse la brevedad de los artículos, que se limitan a explicar esencialmente los aspectos fundamentales, alejándose de los circunloquios o falsa retórica. Y por fin, la objetividad es un hecho fácilmente constatable, pues se evitan matices o valoraciones de autor, por otro lado tan atrayentes, que puedan comprometer la cientificidad de cada una de las entradas.

       Por último, el objetivo final de los autores que inspiraron el enciclopedismo dieciochesco era la formación de las masas, pues existía la conciencia del cambio social mediante el fenómeno de la ilustración. En consecuencia, la enciclopedia nacía para todos y no solo para las minorías. Está clara está vocación de difusión a la inmensa mayoría de la Gran Enciclopedia del Camino de Santiago. La obra fue presentada en 2010 por sus promotores, y simultáneamente divulgada por diecisiete periódicos nacionales. La demanda de la obra alcanzó a lugares tan distantes como Polonia, Ucrania, Sudáfrica, además de los países de la Europa Occidental. En la actualidad, la edición parece estar agotada. Por lo tanto, la universalidad de la enciclopedia resulta un hecho evidente.

      Sin lugar a dudas, esta obra es un extenso manual de consulta de temas jacobeos muy importante, que desbrozará las dudas de profanos y expertos y, por consiguiente, hará más fácil el Camino desde cualquiera de sus orígenes. En realidad, esta obra, como la mayoría de los textos escritos frutos de la investigación, son el bordón imaginario donde el incansable peregrino de hoy encuentra el apoyo y la seguridad de otro orden intelectual.

Cancionero de los peregrinos de Santiago. Pedro Echevarría Bravo

 

    

        Pedro Echevarría Bravo nace en Villalmanzo, Burgos, en 1905. Es un músico de cuna que despliega una fecunda actividad en el ámbito de la composición, la dirección de orquesta y la investigación. Como director de bandas de música municipales tiene el honor, según confiesa, de dirigir al principio de su carrera las de Ateca y Daroca en Zaragoza y la de San Martín del Rey Aurelio en Langreo, Asturias. Luego dirige la banda de Tomelloso en Ciudad Real y la de Santiago de Compostela. De los encuentros con las tierras norteñas y sus gentes, con quienes el autor ha estado siempre muy ligado, surgen algunas creaciones musicales como La suite manchega, Por los campos de Montiel y Calatrava o La más guapina de Asturies, entre otras. También es el creador del Himno a Tomelloso. Pero el maestro Echevarría, como siglos antes lo hiciera imaginariamente el caballero, ingenioso e hidalgo, D. Quijote a lomos del flaco Rocinante, recorre una y mil veces las llanuras manchegas en busca de las melodías populares, su particular Ducinea. Fruto de esta ardua labor nace el Cancionero Musical Popular Manchego, 1955, que recoge unas trescientas melodías de sabor popular con sus letras correspondientes. En la década de los años sesenta recibe una beca de la Fundación Juan March para desarrollar trabajos de investigación en Francia y Holanda, suceso que determina la aparición del Cancionero de los peregrinos de Santiago, año de 1965, con dedicatoria “a Su Santidad Pablo VI, peregrino de la Paz”. Es miembro de la Real Academia  de Bellas Artes de San Fernando, Sección de Música, en 1951. Unos años antes de su fallecimiento en Madrid, en 1990, visita la cuenca minera asturiana buscando los recuerdos de sus inicios musicales.

  La edición que se utiliza es de 1971, y tiene la curiosa peculiaridad de que la página que da paso al capítulo primero ha colocado por error tipográfico el título Cancionero Jacobeo al revés. Se articula en cuatro capítulos, una riquísima recopilación musical, un epílogo y un apéndice de trece interesantes láminas jacobeas.

      En el capítulo I nos recuerda el autor la importancia que el canto tenía para todos los peregrinos europeos, pues no solo era la forma de congraciarse con el Santo, sino también la manera más natural de expresarse el caminante. Se canta, en último caso, porque sí, porque es una necesidad de la propia naturaleza humana. Y de entre los múltiples cantares se revela el que es tenido como la melodía emblemática del Camino de Santiago, conocido como el Ultreia, que era el grito que los Cruzados lanzaban al entrar en batalla, “Más allá”. Este canto es el más antiguo que se conserva, siglo XII, y se compila por primera vez en el Códice Calixtino, Liber Sancti Iacobi. Consta de un estribillo y seis estrofas que repiten el nombre de Iacobus (Santiago) en los seis casos de la declinación latina. El principio lo encabeza el famoso verso “Dum pater familias”. Algunos consideran la melodía de origen flamenco, pero Echevarria sitúa su nacencia en Galicia. Otros cantares posteriores ocupan el análisis del maestro.

    El capítulo II está dedicado a la manifestación literaria más extendida en España desde siempre, que es el Romance, popular y de transmisión oral, artería a través de la que el pueblo acaba siendo el verdadero autor de esta forma poética. En este caso, se recopilan dieciocho romances jacobeos de orígenes geográficos diferentes, que se producen nada más conocerse que la tumba del apóstol Santiago había sido descubierta en Galicia. Uno de ellos es el titulado Don Gaiferos de Mormaltán, trasunto de Guillermo X, Duque de Aquitania, que hace el Camino en 1137 y muere, según la tradición, en la catedral de Santiago. Este provenía de la Provenza y no es ningún despropósito la idea de la influencia de la lírica provenzal, amatoria, en las Canciones de Amor de la lírica gallego-portuguesa pues así lo avala la presencia de trovadores franceses en Compostela.

      El capítulo III contiene cantigas o canciones gallegas recogidas en los Cancioneros Galaico-Portugueses, que los peregrinos canturreaban por doquier. Sobre todo, son melodías y letras pertenecientes al Cancionero de la Vaticana, uno de los tres existentes, cuyo contenido alberga una tercera parte del total de las cantigas conocidas.

     Unas pocas páginas dedica el musicólogo en el capítulo IV a ese viejo instrumento que ilustrados como el Padre Sarmiento llamaron “zanfona” o “zanfoña”. Fue el instrumento de cuerda más usual en la Edad Media (las cinco cuerdas son frotadas con una rueda en vez de un arco con aspecto de un laud), que servía para acompañar los cantos y romances de los peregrinos en la ciudad de Santiago. Ya se conoce de su existencia en el siglo IX, pero deja de usarse en el siglo XV para volver a sonar en el siglo XVIII. Cuando se publica este libro en la década del sesenta, la zanfona casi no tiene quien la vibre, e excepción del virtuoso Faustino Santalices y su hijo, oftalmólogo, y seguidor de esta ancestral tradición.

       Y por último, el capítulo V, es una compilación de himnos distintos, que incluye el Himno al Apóstol Santiago, el más cantado, compuesto por el maestro de Capilla de la catedral compostelana Manuel Soler Palmer, y estrenado en 1919 con ocasión de la apertura de la Puerta Santa.

       La parte final del libro agrupa cuarenta y siete textos musicales con sus letras correspondientes, que suponen una aportación muy valiosa a la musicología de los peregrinos.

    Cierra el texto de Echevarría un epílogo firmado por el fraile franciscano, José Isorna, titulado “Andando y Cantando”, porque el Camino de Santiago se hace a través de los andares y cantares prodigados por millones de peregrinos de todo el mundo. Es desde luego, un libro universal y clásico, único en su género, escrito con el conocimiento de un sabio y el corazón de un hombre humilde.

El Camino de Santiago, estudio histórico-jurídico. Elías Valiña Sampedro.

       Sobre Elías Valiña ( 1929-1989) ya se han comentado algunas cosas en otros apartados de este cuaderno. Fue en general un promotor decidido y eficaz del Camino de Santiago en los albores de los años setenta mediante acciones muy diversas, como la publicación de varias guías, la creación del Boletín del Camino de Santiago, la recuperación de itinerarios, la animación y empuje a las Asociaciones de Amigos del Camino, incluso, llegó a la señalización con flechas amarillas de todo el Camino desde Roncesvalles hasta Santiago. Por lo tanto, él es uno de los pioneros destacados de la recuperación del culto a Santiago en el siglo XX, después de varios siglos de abandono.

    Debe significarse que Elías fue licenciado en Derecho Canónico por la Universidad Pontificia de Comillas en 1959, y posteriormente en 1965 se doctoró en la Universidad Pontificia de Salamanca. Sin duda, esta circunstancia determinó que las inquietudes intelectuales del sacerdote, párroco durante buena parte de su vida de O Cebreiro, jalón del Camino, se decantaran por el análisis jurídico de los peregrinos en el libro El Camino de Sanitago. Estudio-histórico jurídico, honrado con el Premio Antonio de Nebrija en 1965. No es por otro lado esta cuestión jurídica especialmente amable para los eruditos. Al contrario, salvo el estudio de José Mª Lacarra en Las peregrinaciones a Santiago de Compostela, Tomo I, el ámbito del estudio jurídico es un desierto deshabitado, lo que resalta aún más la importancia de esta publicación.

    El libro es publicado por primera vez en 1971, y ha tenido dos ediciones posteriores en 1990 y 2000. La última ha sido patrocinada por la Diputación Provincial de Lugo, previa autorización del Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

    Va precedido de dos prólogos, uno de José Guerra Campos, obispo español defensor a ultranza del enterramiento de Santiago en la catedral de Compostela, y el otro de Ramón Yzquierdo Perrín, estimado especialista y profesor de Historia del Arte, los cuales, explicando la estructura interna del libro, realizan un elogio de sus bondades. Les siguen las fuentes y una rica bibliografía, en las que se apoya el ilustre investigador para el desarrollo de sus temas. Cierra el libro un apéndice documental que incluye un artesanal mapa del Camino de Santiago y documentos en latín sacados de archivos diferentes. Todos estos  elementos cimientan con solidez el libro de Elías Valiña, demostrando que la conciliación entre pensamiento y acción no solo es posible, sino también necesaria.

    Consta la publicación de dos partes.

   La  primera se centra en lo que el autor denomina “Ordenamiento jurídico o Código de los peregrinos”, esto es, en el tratamiento que otorgan las leyes civiles y canónicas a esa nueva figura del “peregrino,” común a todo el ámbito europeo, en materias diversas, tales como la protección de la persona y los bienes, el robo y maltrato , los abusos en la peregrinación, la fianza y la prenda, y el testamento y la sepultura del peregrino fallecido. El autor remarca las coincidencias plenas de ambos códigos, el canónico y el común, a la hora de señalar los tipos y sanciones correspondientes a los ilícitos o actos contrarios al ordenamiento. A esto se añade la peregrinación obligada ya sea por sentencia civil o canónica pues algunos reos eran obligados a realizar el Camino de Santiago como castigo o sanción impuestos por las culpas de que se les hacía responsables, es decir, los ilícitos penales. Otras veces, los peregrinos respondían a obligaciones o mandas testamentarias establecidas por terceros, e incluso,  la comunidad o pueblo de donde eran nativos los obligaban legalmente a realizar el Camino.

     La segunda parte es un análisis histórico de las poblaciones de O Cebreiro y Triacastela, dentro del marco del valle de Varcarce. Es sin duda el estudió más pormenorizado que se ha hecho de estos pueblos pues comprende el período que va desde sus orígenes hasta el siglo XIX.  El autor ha querido vincular esta parte a la primera, planteándola como una propuesta en que las normas jurídicas de la primera parte se trasladan a la segunda, pero lo cierto es que únicamente se ponen de manifiesto algunos litigios sobre tierras y heredades que se resuelven con los ordenamientos locales o bien con la invocación a leyes más generales de ámbito interterritorial.

     La persona de Valiña deberá siempre ser positivamente valorada por sus actuaciones a favor del Camino de Santiago, siendo una y principal la aportación al conocimiento del orden jurídico de los peregrinos sean cuales sean sus orígenes o naciones. Es por lo que el autor ha pretendido ver los primeros principios del Derecho Internacional, aunque muy tímidamente.