Picaresca, milagrería y milandanzas en la Vía Láctea. Esteban Carro Celada.

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      Este libro de ESTEBAN CARRO CELADA es un libro ameno, entretenido, gracioso, curioso, sin que por ello deje de ser también un singular manual de Historia. Porque las pequeñas anécdotas de cada día son la Historia misma. Nace este escritor en Astorga en 1929. Doctor en Teología por la Universidad de Salamanca y en Lingüística Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid, trabaja como periodista y colaborador de diferentes revistas, entre las que destaca la célebre publicación “Historia y Vida”. Entre sus gustos personales ha figurado siempre el tema del Camino Jacobeo, lo que le empuja a escribir en 1953 El Camino de Santiago a su paso por Astorga. Unos años después, en 1971, año jubilar, la Editorial Prensa Española publica Picaresca, milagrería y milandanzas en la Vía Láctea. El destino ha querido que la tragedia se cruzara en su vida, muriendo en un siniestro accidente de circulación acaecido en la salida de Hospital de Órbigo, dirección León, cuando contaba tan solo cuarenta y cinco años.

      Decía al principio que el libro no es un tratado histórico al uso, un recipiente en que se evacuan hechos importantes, ordenados cronológicamente y rigurosamente estudiados en un contexto social, político y económico. En este caso, el libro es la yuxtaposición de breves cuadros o escenas del Camino de Santiago, cuyos contenidos se mueven entre la leyenda y la historia, entre la realidad y la fantasía, porque no de otra forma es la vida misma. Al final, el texto es una ponderada y rica colmena  formada de sabrosas celdillas, cada una de las cuales es un retazo vivo, un pegujal florido, una anécdota sabrosa del Camino Jacobeo.

      Todos los artículos están organizados en tres grandes bloques: la picaresca, baldón tan común como inevitable en las peregrinaciones de todo el mundo, la milagrería y las milandanzas o aventuras felices o desgraciadas que persiguieron a los peregrinos a lo largo de la ruta.

     Por ejemplo, dentro del primer apartado, se cuenta que las habitaciones de los albergues eran ocupadas por peregrinos de un solo sexo, siendo pues separados los hombres y las mujeres en diferentes estancias o peregrinerías. Así en el hospital de San Martín del Camino existía esta norma y se aconsejaba que ya entrada la noche se cerraran las puertas de los cuartos y que se taparan los agujeros de la tapia que los dividían. Otras veces, las alberguerías, auténticas casas de pillaje, fingían que no había agua para invitar a los huéspedes a un mal vino y, borrachos, eran objeto de hurtos por el tabernero. A veces, la tabernera ofrecía extraños brebajes al peregrino, que lo adormecía para robarle. Muy habitual era que los ladrones se vestían de sacerdotes o peregrinos para luego, en medio de las soledades campestres, dejar sin blanca o sin vida al ingenuo caminante. Tampoco era extraño que la Catedral de Santiago cerrara sus puertas al anochecer porque los pillavanes y alborotadores se quedaban dentro a dormir y alteraban la paz del recinto sagrado, como sucedió en la Navidad de 1562.

     Entre los milagros está el del fraile Virila del monasterio de Leire, que durmió trescientos años, junto a una fuente, arrullado por el canto de un pájaro, y cuando despertó ni conocía a nadie ni, por supuesto, era conocido por el claustro de monjes. O el del caballero Rosendo que, se quedó a curar a un compañero enfermo, mientras que los demás peregrinos a quienes acompañaba siguieron camino a Compostela. Como el enfermo murió esa misma noche, Santiago se le apareció en Canfranc y a grupa de su caballo blanco lo dejó en cosa de horas en el Monte del Gozo. Ya de vuelta, se encontró en León con los caballeros, que aún iban de ida. O aquel que dice que un segoviano ofreció a la Virgen de Santa María de Sirga un becerrilllo, que nunca le llevó. Así que, un día en que el tramposo andaba por el monte cuidando el becerro, se le perdió y apareció, para sorpresa de los parroquianos, dentro de la iglesia.

    De aventuras e historias muchas nos relata el autor, de cómo Felipe II prohibió el uso del hábito de peregrino porque los ladrones lo usaban en su beneficio, de cómo Gelmírez acuñó moneda por el privilegio que le concediera Alfonso VI, de los muchos peregrinos famosos que acudieron a Santiago o del trovador provenzal Germán Noveau que recitó en Triacastela uno de sus poemas para deleite de los campesinos, etc. etc.

    Libro, en definitiva, que debe ser considerado a la hora de redactar una Historia oficial del Camino de Santiago, pues está repleto de anécdotas, cuentos, murmuraciones, leyendas e historias, que representan la verdad con mayúsculas de esta realidad jacobea. Libro, por otro lado, bien escrito, con gracia, donosura y humor, que aún lo hacen más necesario.

 

 

Rutas Jacobeas. Eusebio Goicoechea Arrondo.

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        Como se ha dicho en otro artículo dedicado a este ilustre escritor, EUSEBIO GOICOECHEA ARRONDO ha dedicado buena parte de su tiempo a la investigación del Camino de Santiago, y ya se citaba entonces, a propósito de la cartografía de su interior, que escribe una obra importante en la Historiografía, titulada Rutas Jacobeas, publicada en el año jubilar de 1971.

     Va precedido el texto principal de un Prólogo laudatorio firmado por su amigo Francisco Beruete, Presidente de los Amigos del Camino de Santiago de Estella a la sazón, que aprovecha la ocasión para realizar la presentación de la Asociación y expresar la importancia capital que el Camino de Santiago tiene para la cristiandad de toda Europa en el pasado y en el presente. Añade un agradecimiento a todas las autoridades civiles y religiosas del país, que han servido a la causa de reavivar el espíritu jacobeo, e incluso se remonta al medievo en ese afán de recuperar figuras pro-jacobitas como Sancho el Mayor de Navarra y Aymeric Picaud. Sea como fuere, lo cierto es que su introducción supera las lindes de esta clase de protocolos.

       Se articula el libro en tres bloques: la Historia, el Arte y los Caminos de la Peregrinación, que son una síntesis de las investigaciones más sobresalientes llevadas a cabo hasta la fecha de la publicación.

     La primera parte se ocupa de la figura del Apóstol Santiago en la Historia y lo sitúa evangelizando en España poco antes de su martirio en Jerusalén y posteriormente trasladado a las costas de Galicia del Padrón por sus discípulos más fieles. Descubierto el sepulcro en el siglo IX se desata la mayor corriente de peregrinación nunca vista, similar e incluso con el tiempo superior a las de Jerusalén y Roma. Tras explicar las vicisitudes por las que corren las reliquias a lo largo de los siglos, son definitivamente confirmadas por la Bula Deus Omnipotens del Papa León XIII. Sigue a este cuestión histórica el análisis de la triple trascendencia del camino de Santiago, que ha dejado una estela inmarcesible en los ámbitos religioso (aparición de la idea de cruzada contra los moros), artístico (propagación del arte Románico, transmisión de romances y cantos líricos primitivos, así como leyendas) y comercial ( gentes de nacionalidad diversas intercambian bienes y crean rutas comerciales).

        La segunda parte está centrada en el estudio de las corrientes artísticas que corrieron paralelas al hecho de la peregrinación, destacándose sobre todo el período románico, que algunos han identificado como el arte prevalente de los caminos de Santiago. Sigue el tratamiento de la iconografía de Santiago a través de las distintas manifestaciones artísticas. Y concluye con un capítulo muy interesante sobre los cantos jacobeos hallados en el Códice Calixtino y en las Cantigas de Alfonso X el Sabio, además de otros muy populares en la Edad Media.

         La última parte es el tratamiento de los Caminos que conducen a Santiago de Compostela. Se inicia con la explicación de las cuatro vías francesas, que vienen a confluir en Somport y Roncesvallles. Sigue un repaso a los Caminos menos conocidos como el de la Costa Cantábrica o el de la Vía de la Plata, entre otros. Y culmina el repaso al Camino Francés, el más habitual, sobre todo a partir de los siglos XI y XII en adelante. Es en este cuerpo último donde Eusebio Goicoechea introduce dos novedades importantes de gran valor en el contexto de los setenta cuando la obra fue publicada, a saber, la Cartografía del Camino, ya comentada, y lo que se ha denominado en el libro como “Realización Audiovisual”. Consiste en un conjunto de diapositivas, agrupadas en tres series de ochenta y cuatro, con música medieval y textos literarios, cuya labor ingente ha sido realizada integralmente por el propio autor, acompañado de otros ayudantes expertos en la locución y en la grabación y montaje. Esta enconmiable labor es efectivamente elogiada por intelectuales de la época como Eloy Benito Ruano, Manuel Chamoso Lamas, Fernando Chueca Goitia, A. García Bellido, José María Lacarra, Antonio Ubieto etc. etc. Por último, divide el recorrido en tres grandes apartados, el Navarro, el Castellano-leonés y el Gallego, en el que glosa los rasgos topográficos y artísticos de cada uno.

     Todo el libro está tachonado de fotografías en color y blanco y negro del gusto y acierto del escritor, que completan el conjunto de contenidos divulgados.

        El libro lo cierra una densa y profusa bibliografía a modo de fuente abundante y cristalina, que sirve a las necesidades de los investigadores más exigentes del tema jacobeo.

 

 

 

 

 

 

 

 

Historias de Compostela y El Libro de la Peregrinación a Santiago de Compostela. Xose Filgueira Valverde y José Salvador y Conde.

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               El investigador y escritor pontevedrés Xose Filgueira Valverde (1906-1996),  dedicado al estudio de la cultura y la literatura de Galicia, publica en 1970 Historias de Compostela, reeditada en 1982 por Ediciones Xerais de Galicia, y posteriormente en gallego  por la editora Alvarellos. Miembro de la Real Academia de la Historia y, uno de los fundadores del Partido Gallego, ejerció como catedrático de Instituto hasta su jubilación, habiendo recibido premios y galardones por su labor investigadora. Recientemente la Academia de la Lengua Gallega decidió en 2015 dedicar el Día de las Letras al escritor pontevedrés, aunque el acto fue acompañado de polémica por las simpatías del homenajeado con las fuerzas del régimen de Franco.

      Consta el libro de cuatro capítulos y cada uno reúne artículos varios. Destacan, por ejemplo, el estudio dedicado al arquitecto medieval más famoso, el Maestro Mateo, autor del Pórtico de la Gloria, al que sigue su rastro a partir de las investigaciones llevada a cabo por insignes eruditos, entre los cuales figura el que fue marido de Rosalía de Castro, Manuel Murguía. Otros, más lúdicos, recalan en la visita que la Duquesa de Chevreuse, a lo que parece fue una hermosa mujer que coqueteó con buena parte de la nobleza francesa de 1600, realiza a Santiago, siendo recibida con todos los honores por sus congéneres gallegos.Tiene también el libro un texto de canciones y narraciones del Camino, de gran atractivo para quienes degustan el folclore de los pueblos. Y, por fin, rescata la memoria de un singular cronista de Santiago, Pablo Mendoza de los Ríos, natural de Burgos, que en 1731 publica una guía humorística de la ciudad con el título de El Peregrino en Santiago.

    Completa el libro una galería de fotografía y grabados curiosos, que constituyen la ilustración gráfica de la obra.

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     José Salvador y Conde publica en el año 1971 El Libro de la peregrinación a Santiago de Compostela, Ediciones Guadarrama,  Madrid, fácilmente manejable por la hechura de un libro de bolsillo.

     Se arracima el libro en once capítulos, de los cuales los dos primeros y los dos últimos tratan asuntos generales, y el resto comentan los acontecimientos, hechos e ideas culturales e históricas más importantes del Camino de Santiago, tomando como eje las regiones por donde pasa el camino.

     El libro tiene como valor añadido el acierto del escritor en la elección de los temas que trata, pero sobre todo, ha sabido encontrar los asuntos esenciales de cada rincón o lugar, aquello que representa la identidad más genuina de los pueblos españoles, y dedicarles el comentario más completo. Por ejemplo, por tierras de Navarra se exalta la gentileza del arte románico más representativo como la Iglesia del monasterio de Leyre, las de Santiago y Santa Mª la Real de Sangüesa o la de Santa Mª de Eunate, emblema de iglesia-cementerio. Cuando se aventura en Estella, recuerda la matanza de judíos que allí se produjo el 1 de marzo de 1328, sirviéndole este suceso para tratar el problema de los judíos en los reinos hispanos durante el medievo. Al atravesar la Rioja se trae a la memoria la importancia de las calzadas romanas que señalaron por donde habían de ir los peregrinos hacia Santiago, y el nacimiento de pueblos y ciudades como Logroño o Santo Domingo de la Calzada a la sombra del paso de los peregrinos francos. La provincia de León invita al autor a una reflexión, a propósito del bello Puente Honroso de Hospital de Órbigo, sobre la figura del caballero medieval, que fue la fuente y origen de las narraciones caballerescas tan en boga, que el Quijote habría de lancear ácidamente con inigualable técnica narrativa. Y ya metido en galaicos pagos, Santiago es la ciudad del camino que bien merece una pausa mayor para adentrarse en la Historia de Galicia.

      No falta tampoco el ramo de fotografías en blanco y negro, que recogen paisajes y obras alusivas al tema jacobeo.

 

 

 

El Apóstol Santiago y la Ruta Jacobea. Luis Máiz Eleizegui y Luis Aguirre Prado.

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       Mientras en la posguerra española prestigiosos medievalistas elaboraban obras jacobeas de primer nivel, como es el caso de Las peregrinaciones a Santiago de Compostela, o Peregrinaciones jacobeas, ya mencionadas, también hubo aportaciones historiográficas más sencillas que se sumaron a la rica bibliografía de Santiago con el fin de despertar el interés por este tema y colocar las primeras bases eruditas.

          En la fecha de 1944, Luis Máiz Eleizegui (1880-1967), farmacéutico militar, publica la obra El apóstol Santiago y el arte jacobeo, con motivo del XIX centenario de la decapitación de Santiago.

          No es el autor un especialista en arte, como el mismo se reconoce en la introducción, pero aun así se carga con la responsabilidad de realizar una amplia batida por todo el territorio español para recoger y comentar aquellas obras artísticas- iglesias, templos, catedrales, esculturas y pinturas-, que presentan a Santiago como tema central. De esta manera el autor desea poner de relieve la gran importancia que la figura del Apóstol tiene en España y lo mucho que ha calado en la sociedad de la época, dentro de un contexto político más amplio de ensalzamiento del Apóstol como peregrino y soldado, sobre todo. No es pues un estudio estricto del fenómeno peregrino, pero sí la puesta en escena de la prodigiosa expansión de la popularidad del Santo que ha inspirado miles de obras artísticas repartidas a lo largo del Estado.

      El libro se cierra con una extensa galería de fotografías o láminas, como las denomina el escritor, que recuerdan algunas iglesias importantes, portadas románicas de extraordinario valor, pueblos señeros de la ruta jacobea y pinturas y esculturas representativas de Santiago.

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       Con ocasión del Año jacobeo de 1965 se publica el libro La ruta jacobea. Sobre el sepulcro, una estrella, de Luis Aguirre Prado, escritor y periodista, nacido en 1896 en Ciudad Real y fallecido en 1991.

      El libro está dividido en tres capítulos, y cada uno se distribuye en breves artículos que están titulados de manera periodística. A partir de la mitad del capítulo segundo se recorre el Camino Francés, precedido de las vías galas por donde transitaban los peregrinos procedentes de Europa, resaltando aspectos históricos y culturales de las rutas. Se acompañan además un mapa detallado del Camino Francés y un plano de la ciudad de Compostela con el señalamiento de los monumentos más importantes, junto a sencillos dibujos alzados a mano de etapas de la ruta. La otra primera parte sirve al autor para mostrarse defensor de sucesos como los de Clavijo (a propósito de la existencia de la batalla en la que cabalgó Santiago sobre un caballo blanco), o el del voto de Santiago por el que el citado pueblo riojano se comprometió a pagar a la Catedral de Compostela una cuota anual en agradecimiento a aquella intervención milagrosa, solo extinguida por la Constitución de Cádiz de 1812 y la II República Española, entre otras cuestiones.

     El texto va acompañado asimismo de una bella relación de fotografías de iglesias, portadas románicas, esculturas…

      Por último, el escritor aporta una antología de textos jacobeos de escritores tan relevantes como, por ejemplo, Rosalía de Castro, Valle-Inclán, Miguel de Unamuno, Manuel Machado, Francisco Villaespesa o Gerardo Diego.

          No debe olvidarse el estilo, a veces, algo retórico del libro, común a otras publicaciones de este período de la historia de España, como consecuencia de un hervor patriótico indisimulado, que conmueve antes las emociones que las razones. Aquella hinchazón del lenguaje se vuelve, sin embargo, más llano en muchos otros pasajes de carácter descriptivo.

Santiago.La Europa del Peregrinaje. Paolo Caucci von Saucken.

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       El presente libro está publicado por Editores Lunwerg en el Año Santo Compostelano de 1993, como lo hiciera en 1971 el libro Santiago en España, Europa y América por idénticos motivos. Con posterioridad ha tenido dos ediciones más  en 1997 y 2003.  Lo cierto es que ambos son muy parecidos no solo por el tamaño del formato de grandes dimensiones y la calidad de las hojas satinadas, sino por la misma estructura interna en virtud de la cual los libros son fruto de la colaboración de distintos autores de reconocido prestigio.

      Santiago. La Europa del peregrinaje es un libro coordinado por el profesor Paolo Caucci, que reúne un total de quince artículos, una introducción y una densa bibliografía, firmados por personalidades tan relevantes en sus campos de estudio como Robert Plötz, Fernando López Alsina, Serafín Moralejo, Raymond Oursel, Arturo Soria y Puig… por citar solo algunos de ellos.

      Paolo Caucci nace en Italia en 1941, Doctor en Derecho en 1967 y en Letras Moderna en 1974 por la Universidad de Florencia. Trabaja como catedrático en la Universidad de Peruggia y ocupa numerosísimos cargos en organismos e instituciones relacionados con el Camino de Santiago. Su labor como investigador y difusor es muy valiosa, tanto que recibió el encargo, junto con otros colegas, de redactar el Informe para la declaración de la ruta jacobea por el Consejo de Europa como Itinerario Cultural Europeo en 1987. Entre sus últimos reconocimientos está la obtención del IV Premio Internacional Aymeric Picaud, que concede anualmente la Liga de Asociaciones de Periodistas del Camino de Santiago, y que recogerá personalmente el próximo 21 de enero en la ciudad de León.

     El Pórtico, como Caucci llama la introducción, es la explicación de la elaboración del libro, que se resume en la necesidad de difundir la investigación y el estudio ante el auge que está tomando el fenómeno peregrino en toda Europa, y a la vez, es un receso de cada uno de los textos que conforman el libro como guía orientativa del lector.

   La Bibliografía es prolija e importante pues concentra buena parte de la literatura más granada del Camino de Santiago, incluso faltando obras que pudieran también formar parte del séquito bibliográfico del libro. A pesar de lo cual, no cabe la menor duda de que el material aportado es una fuente de consulta notable para quienes aspiran a conocer más a fondo los arcanos de este tema paneuropeo.

       La obra separa dos partes: la primera más generalista, titulada “Raíces y formas de la peregrinación compostelana”, presenta temas llamativos del fenómeno jacobeo como una aproximación al Liber Sancti Iacobi, un estudio de la ciudad de Santiago, la significación del peregrinaje, la importancia de Cluny, o una mirada a la música del Camino, incluidos aspectos literarios; el segundo bloque, más específico, de título “Itinera  Sancti Iacobi”, centra la atención en el tratamiento de los diferentes caminos españoles y europeos que conducían a Compostela, desde Francia, Italia, Alemania, Países Bajos, Inglaterra y España.

       Por último, debe hacerse mención de la fecunda y amplia galería de fotografías, como ocurría con el libro anterior, relativas  a obras de arte, esculturas, pinturas, monumentos en general del Camino. Como Caucci señala en el citado prólogo las fotografías pretenden ahondar en este fenómeno de manera visual a fin de ofrecer otra perspectiva necesaria para formarse una visión global del asunto.

       El libro cierra sus puertas con una bella fotografía del campo najerino en que se muestran las hazas en barbecho, el cielo infinito tachonado de nubes, y un camino solitario y pedregoso. Es como un sello que lacra los contenidos de este manual.

Santiago en España… Autores varios (y III)

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      El prestigioso profesor José Manuel Pita Andrade, nacido en La Coruña en 1922 y fallecido en Granada en 2009, firma el capítulo IV, con el título de Santiago en España, fuera del camino de las peregrinaciones. Fue Catedrático de Hª del Arte en las Universidades de Granada y Complutense de Madrid y realizó una importante labor museística como Director del Museo del Prado entre 1978 y 1981. Obtuvo todos los honores en su ámbito de estudio, siendo miembro de la Academias de Bellas Artes de San Fernando y de la de Historia.

      Puede dividirse el texto en dos partes complementarias, que abordan el estudio de la proyección de Santiago en el Arte, comprensivo de la arquitectura, escultura y pintura, pero con la singularidad de incluir solo el ámbito territorial que se sale de las rutas clásicas de peregrinación. En la primera parte,analiza la influencia artística del Apóstol en los grandes períodos estilísticos, el Prerrománico, el Románico, el Gótico, el Renacimiento, el Barroco y el Neoclasicismo, detallando todas las manifestaciones expresivas de esta figura religiosa. El elenco de iglesias, pinturas, esculturas evocadoras del Apóstol es muy amplio, y ofrece al lector una completa visión de este campo. La segunda parte, agrupa por temas el conjunto de las obras artísticas. Así repasa las que tienen como contenido aspectos del Evangelio, otras que presentan al Apóstol en España en su tarea evangelizadora (es llamativo el cuadro en que Santiago se dirige a un niño en el Sacromonte con Granada como fondo), el martirio del Santo ( conocido es el cuadro de la degollación pintado por Zurbarán), la traslación del cuerpo al Padrón y Compostela, la asimilación de Santiago como  peregrino, aunque no lo fue, y su identificación como guerrero, desde el momento en que se le hace intervenir milagrosamente en la  batalla de Clavijo en el año 844-juzgada como falsificación grosera de la Historia-alentando a las tropas cristianas de Ramiro I contra las huestes moras de Abderramán II.

     Y el capítulo V lo cierra el también historiador Juan de Contreras, más conocido como el Marqués de Lozoya (1893-1978), con un texto titulado Santiago en las Indias. Segoviano, desempeñó las cátedras de Hª de España y del Arte en diversas Universidades españolas y ejerció como Director de ilustres Academias.

     Se trata de un breve escrito en que introduce la idea tradicional de la conquista del Nuevo Mundo, entendida como una prolongación de la Reconquista, que trae como principal consecuencia la evangelización de los indígenas americanos a quienes se rescata de la sombría idolatría pagana, según la tesis del escritor-. El siguiente peldaño es la introducción en aquellas tierras vírgenes del culto a Santiago, que pronto se propagó como una solución salvífica para todos los habitantes de América. Señala el historiador que muchas fueron las manifestaciones de la religiosidad y devoción por el Santo, a saber, iglesias y monasterios se crearon bajo el patronazgo del Apóstol, la toponimia revela muchos nombres que recuerdan a este (Santiago de Chile, Santiago de Cuba…), otras imágenes y pinturas representan la figura de Santiago Matamoros, que es la iconografía más habitual y, en fin, acaba señalando la profunda devoción popular de los criollos por la figura de Santiago.

      A modo de coda vuelve a decirse que el libro, discrecional y puntualmente preparado para la conmemoración del año jacobeo 1971, está ilustrado con muchísimas fotografías que, bien seleccionadas, asisten eficazmente a los contenidos de los diferentes textos que vertebran este volumen  aportando claridad y conocimiento.

Santiago en España, Europa y América (II).

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     El segundo artículo, titulado El Camino de Santiago en España, tiene por autor al profesor navarro José Mª Lacarra, del que ya hemos dado noticias biográficas en textos anteriores.

       En esencia, destaca la gran importancia del Camino de Santiago en la Edad Media, disputando incluso la supremacía a las otras grandes rutas como eran Roma y Jerusalén. Pone de manifiesto los dos grandes pasos de entrada a la Península a través de Somport, en Aragón, y Roncesvalles, en Navarra. Más adelante, en el siglo XV se abre una nueva entrada por Irún, que o bien atravesaba la cornisa del Cantábrico con parada y fonda en San Salvador de Oviedo, cuya Cámara Santa contiene reliquias traídas de Toledo, o bien descendía por Vitoria a Burgos. Otras vías se abrían desde Cataluña hacia Santiago, pasando por Zaragoza. Y recuerda el autor la ruta del mar, seguida sobre todo por ingleses, y en menor cuantía por flamencos y pueblos germánicos. De paso comenta el ilustre historiador algunos detalles de cómo se organizaban las peregrinaciones desde los lugares de origen y cómo servían a su propósito, como ocurre en la actualidad, las guías de viaje y los relatos de otros viajeros que aspiraban a inmortalizar sus experiencias peregrinas.

    Se detiene especialmente en el comentario de los jalones principales del Camino Francés en la Península desde sus inicios hasta las mismas puertas de la Catedral. Y en último lugar comenta la repercusión cultural de la peregrinación a Santiago en varias vertientes: desde la perspectiva urbanístico-geográfica algunas ciudades y villas nacieron al paso continuo de los peregrinos, tales como Estella o Santo Domingo de la Calzada, por ejemplo, así como numerosísimos pueblecitos como es el caso del Acebo o Arzúa, entre otros; relatos épicos carolingios, leyendas y romances fueron otros frutos literarios del Camino, que sirvieron al pueblo-legión como vehículos de transmisión de sus vivencias y experiencias personales, e incluso la expresión de una forma de interpretar el mundo; y desde el ángulo artístico no debe olvidarse que la multitud de hombres artesanos, canteros, arquitectos, fueron dejando huellas de su quehacer y conocimientos en la construcción de lo que ha venido a denominarse Iglesias de Peregrinación, de la que la catedral de Compostela resulta un baluarte significado en el conjunto de obras arquitectónicas de esta clase.

    Se trata, en definitiva, de un artículo divulgativo de algunas cuestiones jacobeas que Lacarra conoce muy bien como cosecha de sus sesudas investigaciones sobre el tema.

     Tiene la particularidad el tercer artículo, firmado por el Comte de la Coste-Messelière y titulado L’Europe et le pelerinage de Saint Jacques de Compostelle, el estar escrito en francés, seguramente como homenaje a la vecina lengua francesa y al propio autor, que dedicó su oficio a la investigación del fenómeno jacobeo. Nace en 1908 en París y fallece en 1996 en Saint-Pierre-de-l’Isle. Ocupó desde 1950 el cargo de archivero en el Archivo Nacional hasta su jubilación y fue Director del Centro de Estudios Compostelanos de París.

   Se trata de un texto parecido estructuralmente al de Lacarra, pero aplicado al espacio Europeo y sobre todo Francés. Muestra la importancia de la presencia de Santiago en los países centroeuropeos que erigen centenares de iglesias de culto al apóstol. Esto desarrolla una iconografía jacobea centrada en la figura de Santiago concebido como un peregrino y no como un soldado degollador que interviene en batallas de cristianos contra musulmanes, al contrario de lo que sucede en suelo hispano. Analiza el fenómeno del peregrinaje en Europa, con especia atención al nacimiento y propagación del arte románico. Señala una relación de cronistas franceses de la Edad Media y siglos posteriores, que dan testimonio de las condiciones de las peregrinaciones. Y por último,  acomete una detallada glosa de las vías europeas que llevaban a los peregrinos a las mismas puertas de los Pirineos.

     Ha de valorarse muy positivamente este artículo en cuanto aporta  un conocimiento más amplio y global de la cuestión jacobea,que debe recordarse se trató de un fenómeno de anchas coordenadas que cimentó los primeros pasos de una Europa naciente.